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Aprender a tocar un instrumento

Aprender a tocar un instrumento

Aprender a tocar un instrumento
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A muchos padres les hace ilusión que sus hijos se conviertan en pequeños músicos prodigio, pero casi todos se plantean las mismas dudas: ¿a qué edad puede un niño empezar a tocar instrumento?, ¿cuál será mejor para él?, ¿le gustará o le estoy obligando?

¿A qué edad empezar?


Si el niño no está preparado, si no sabe lo que le espera, si no se le habla más que de solfeo, clases instrumentales o exámenes, el aprendizaje de la música no se le presentará como algo entretenido y atractivo. Tenderá a asimilarlo con una especie de “trabajo forzado” al que ha sido “condenado”.

En la gran mayoría de los casos hay que ir paso a paso, haciendo que el niño pase primero por los cursos correspondientes a la apreciación musical y a su iniciación en el campo de la música. Hay que dar tiempo al tiempo, no querer iniciar a toda costa a un niño demasiado pequeño y saber acompañarlo sin una presión familiar insoportable.

La música es fácil para unos y mucho más difícil para otros. Si se empieza por avanzar como quien da un paseo y, mientras se hace camino, se estimula al niño mostrándole el sendero, el gusto por el trabajo se transforma en placer y en pasión por la música.

Cada instrumento exige una edad mínima para empezar. Esta edad depende de factores físicos: por ejemplo, es necesario que las manos del niño sean lo suficientemente grandes como para que los dedos puedan alcanzar la distancia necesaria, o bien será indispensable que los incisivos estén en su lugar. A veces, aun los instrumentos más pequeños son demasiados grandes para ellos.

Es más arriesgado obligar a un niño a empezar demasiado pronto que hacerlo cuando se cree que es demasiado tarde. Si no está listo, la música le resultará muy difícil, se sentirá apremiado y presionado y pronto la rechazará. Esta precocidad es, de hecho, uno de los factores más frecuentes entre los que llevan al fracaso en los estudios, ya sean musicales o no.

Los científicos han descubierto fases de desarrollo en las que los niños aprenden determinadas habilidades de forma especialmente rápida: la motricidad, el lenguaje, la música... Estas etapas sensibles se llaman ventanas neuronales y se van cerrando una vez pasa la edad óptima. Así, la mejor época para aprender a tocar un instrumento se sitúa entre los tres y los diez años, aunque esto no quiere decir que más tarde todo esté perdido. Algunos músicos han empezado en la adolescencia y hasta personas de treinta, cincuenta o incluso mayores pueden alcanzar cierto nivel, aunque no lleguen a ser grandes profesionales.

¿Está mejor dotado físicamente para un instrumento en particular?

“Tiene unas manos enormes; haremos de él un violonchelista”; “Es asmático, mejor que elija el violín”; “Sus dedos son de pianista”, etc. son algunos ejemplos, a veces llevados al extremo, de lo que se suele oír. Sin embargo, a priori, no hay ninguna razón que justifique forzar a un niño a que elija un instrumento en lugar de otro en función de algún rasgo dominante, sea físico o psicológico.

Una mano pequeña puede ser rápida y activa, mientras que una mano grande y blanda puede, mediante el ejercicio, llegar a convertirse en una excelente mano de pianista, de arpista o incluso de violonchelista.

Ante todo, lo importante y lo que será determinante será la pasión, la fuerza de voluntad y la motivación.

¿Cómo interesar a los niños?

1. La música debe formar parte de su vida desde el vientre materno. Aunque nadie sepa tocar un instrumento en la familia, debéis ponerle desde que nazca (e incluso antes) música de todos los estilos y fijaros en cuál le gusta más. También es buena idea llevarle a obras de teatro o musicales infantiles, conciertos para niños, etc.

2. Cada niño es diferente, y sólo tú puedes decir cuándo tu hijo está listo para tomar lecciones de música o de teoría musical. Algunos ya están preparados a los 3; otros a los 10. Piensa en qué medida presta atención tu hijo y en sus pequeños intereses: ¿Puede mantenerse quieto y concentrado durante periodos largos? ¿Ama subirse a la banqueta del piano y “tocar o interpretar algo”? ¿Se fascina al oír música de cualquier tipo? ¿Te ha pedido tocar o practicar algún instrumento? A veces un único evento musical generará una semilla de luz en la mente fértil de los niños.

3. Encuentra un gran maestro. Hay muchas academias y conservatorios, sin contar con las clases extraescolares de música que ofertan muchos centros educativos.

4. Alimenta el esfuerzo de tu hijo y asegúrate de que practica.

Elegir el instrumento correcto

Es evidente que, a la hora de empezar, la flauta es el instrumento de viento más fácil y por eso en casi todos los colegios se elige para las clases de música. Aparte de la flauta, empezar, por  ejemplo, con la guitarra es más fácil que hacerlo con el violonchelo. También existen sonidos de viento cuyo sonido ya está definido, como el piano o la tuba. No obstante, el violín, el violonchelo o la trompeta exigen la adquisición de técnica tan solo para definir el sonido.

Pero no se puede afirmar tajantemente que sea más fácil aprender a tocar el piano que el violín, porque el hecho de que el comienzo sea sencillo no implica que las dificultades no se vayan a presentar más tarde.  

Ciertos niños serán sensibles a la dulzura de un sonido grave o al estrépito de una trompeta y otros hablarán de la importancia de tener un instrumento entre los brazos. No es tarea de los padres escoger el instrumento, son los hijos quienes deben tomar la decisión.

Las modas también influyen. En otras épocas los criterios burgueses imponían que los niños estudiaran piano, violín o flauta. Hoy en día, la guitarra está a la cabeza del pelotón y las clases de música para este instrumento son las más demandadas.

Instrumentos de viento-madera: Son ideales para iniciarse. No resulta difícil leer las notas, ya que se toca sólo un tono a la vez y en una sola clave. Tampoco requiere un oído especial, suenan bien aunque se toquen melodías sencillas. La flauta dulce es el mejor instrumento para que los niños se acerquen a la música. Para tocar la flauta travesera conviene ser diestro (se sostiene a la derecha) y tener la suficiente estatura para alcanzar los agujeros en horizontal. El clarinete atrae especialmente a los hombres, que deben tener buenos pulmones y, a ser posible, incisivos fuertes. 

Instrumentos de viento-metal: La trompeta es un instrumento fuerte, ideal para personas dominantes y agresivas, que tengan buenos pulmones. El trombón de varas se distingue porque los tonos no vienen dados, sino que hay que buscarlos, como en el caso del violín. Entre el manejo de las válvulas o pistones y el control de los labios, tocar la trompa requiere bastante técnica. Tocar un instrumento de metal exige fuerza física y pulmonar. No se debería comenzar antes de la adolescencia.

Instrumentos de cuerda y arco: Requieren largos años de estudio, por lo que sólo se recomiendan para personas concienzudas y pacientes, con buen oído. Ser zurdo favorece su aprendizaje, ya que la mano que lo tiene más difícil es la izquierda. Con el violín se puede comenzar en edad preescolar: se necesita un cuerpo ágil y buen equilibrio (el instrumento se sostiene entre la barbilla y la clavícula). Es el instrumento que suelen preferir los hijos únicos y exige apoyo por parte de los padres. El violoncelo puede gustar más a un principiante, ya que la posición es más fácil y los tonos no suenan tan descorazonadores como en el caso del violín. Conviene que la estatura sea alta o media y los brazos, largos. No son apropiados para personas con mucha energía, sino más bien para gente tranquila.

Instrumentos autónomos: Se trata del piano, la guitarra clásica y el arpa; se llaman así porque no necesitan del apoyo de otros instrumentos. Su aprendizaje no es sencillo, ya que todos los dedos están implicados. La mejor edad para empezar se sitúa sobre los siete u ocho años. Para los principiantes mayores resulta ventajoso haber empezado con un instrumento más sencillo y saber algo de solfeo. El piano satisface pronto, porque incluso las melodías sencillas suenan bien. Sin embargo, las partituras son muy complejas, con claves distintas para cada mano. Hacen falta muchas horas de ejercicio. La guitarra resulta muy atractiva para muchos niños y jóvenes ya que tiene un sonido muy bonito. Tocar estos instrumentos requiere inteligencia, perseverancia y cierta introversión.

Percusión: Para dedicarse a los instrumentos de percusión hace falta mucho sentido del ritmo. Los hay afinados como el xilófono o el timbal, y otros no afinados, como el tambor y la batería. Para tocarlos se necesitan reflejos, movimientos ágiles, una buena coordinación de las manos y capacidad de concentración. Un buen batería es capaz de usar manos y pies a la vez y pasar con rapidez vertiginosa de un tambor o platillo a otro. Son instrumentos ideales para chicos hiperactivos, que necesitan liberar energía. Conviene empezar con el tambor y pasar luego a los otros.


Beneficios

El cerebro tiene dos hemisferios definidos, ambos complementarios y a la vez entrelazados. La parte abstracta y la parte racional se necesitan una a la otra. Dentro de la parte abstracta se encuentra el arte y si se desarrolla éste, todo el cerebro incrementará su potencial.

Un instrumento musical, realmente es una herramienta muy útil para lograr el desarrollo integral de toda persona y potenciarla tanto en creatividad como en la salud mental y hasta orgánica. Practicar de forma habitual mejora las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta o la inteligencia espacial (capacidad para percibir de forma detallada el mundo y formar imágenes mentales de los objetos).

Además de los beneficios fisiológicos citados, la práctica de tocar mejora el estado anímico de los niños y su relación con los demás. En el terreno individual, tocar un instrumento convierte a quien lo hace en una persona metódica que cuida los detalles, planifica bien las tareas y tiene mucha capacidad de atención. Esta conducta puede trasladarse a la labor propia del estudiante, a quien se exige calidad y resultados.

La música es un medio de expresión, y una consecuencia de ello es una buena autoestima. Enseña a los jóvenes a vencer el miedo y asumir riesgos, aporta seguridad y autoconfianza. Si se forma parte de una orquesta o grupo, la práctica mejora el trabajo en equipo y la disciplina: para que una orquesta suene bien, el conjunto debe trabajar en armonía. Favorece el compromiso para aprender, asistir a los ensayos y practicar en casa.

Aprender a tocar cualquier instrumento mejora la vida en general.




Fuente: Un instrumento para cada niño, Laurence Beauvillard.
Redacción: Irene García. 



 

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1 Comentarios

Anónimo
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Discusión

Anónimo
Enviado por: el día 01-10-2013
Excelente aporte