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¿Sabes distinguir las expresiones de tu bebé?

¿Sabes distinguir las expresiones de tu bebé?

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Los gestos, la risa y el llanto son las únicas formas de expresión con las que cuenta un bebé hasta que comienza a hablar. Por eso, saber diferenciar cuándo el niño llora porque tiene hambre o cuándo porque siente miedo es esencial a la hora de cuidarle. Para ayudar a los padres en esta difícil tarea, el Instituto del Bebé Nuk ha elaborado una Guía de la expresión del bebé analizando la expresión facial y el patrón del llanto de los más pequeños de la casa.

Los seres humanos tenemos la capacidad de comunicarnos con los demás miembros de nuestra especie, si bien el lenguaje, la forma más elaborada de esta comunicación, requiere de un aprendizaje muy prolongado. No obstante, mucho antes de que éste es desarrolle ya disponemos de un sistema de comunicación que nos permite relacionarnos con los demás. Mucho antes de que un bebé pueda comunicarse verbalmente, puede expresarse mediante gestos y sonidos que revelan estados de ánimo, reclaman atención, mantienen el contacto interpersonal o avisan de trastornos y desajustes.

El problema es que los padres y familiares del bebé no siempre son capaces de interpretar correctamente esta comunicación no verbal. Por eso, el Instituto del Bebé Nuk, en colaboración con las Facultades de Psicología de la Universidad Nacional a Distancia y las Universidades de Murcia y Valencia, ha elaborado una Guía de la expresión del bebé.

A través de una muestra de unos 50 niños y niñas en edades comprendidas entre los 4 a los 13 meses, se ha estudiado la respuesta a determinados estímulos, analizando la expresión facial y vocal de los bebés, con el objetivo de encontrar un patrón específico que distinga las principales emociones relacionadas con una acción determinada.

El desarrollo emocional


Cuando nacemos, no lo hacemos con un repertorio emocional completo, sino más bien todo lo contrario, es necesario que los procesos de maduración y aprendizaje realicen el desarrollo de las capacidades previas y necesarias que permitan que las emociones vayan aflorando.

Durante las primeras semanas de vida no aparecen verdaderas reacciones emocionales, aun cuando puedan aparecer gestos que nos hagan interpretar erróneamente su existencia. Los recién nacidos sólo son capaces de expresar el dolor físico. El aprendizaje, la imitación de las personas mayores, la identificación empática y la educación van estimulando a los niños a medida que crecen a que respondan a los impulsos agradables o desagradables.

Durante los tres primeros meses de vida los procesos madurativos y de aprendizaje ya permiten la aparición de las emociones primarias: sorpresa o interés, alegría, asco, tristeza, ira y miedo.

Entre los dos años y medio y los tres, el niño toma conciencia de su identidad personal, es decir, de que es un ser diferente y diferenciado del entorno, y a partir de ese momento puede empezar a tener emociones sobre sí mismo como la envidia, la empatía o el azoramiento.

Posteriormente, cuando aprende e internaliza las normas de comportamiento social, sus emociones pueden referirse a sus propios actos, sintiendo orgullo, vergüenza o culpabilidad.

¿Cómo distinguir sus expresiones?


La expresión facial es un sistema que produce signos o información de cuatro tipos: signos faciales estáticos (la apariencia); signos faciales lentos (los cambios que se producen con el paso de los años); signos artificiales (lentes oculares o los cosméticos); y signos rápidos (los cambios físicos en la actividad neuromuscular y que pueden llevar a cambios visibles en la acción facial).

Estos últimos son los que nos interesan, ya que pueden proporcionar mensajes de varios tipos: emociones, señales de comunicación, acciones ilustradoras que acompañan a la atención y el discurso y señales de comunicación no verbal.

La expresión neutra es el punto de partida para el reconocimiento de cualquier expresión emocional. En ella podremos observar los efectos que ejercen los signos faciales estáticos, lentos y artificiales, y así poder contrastarlos con los cambios que se producen al aparecer los signos faciales rápidos, responsables de la expresión de las emociones.

Los principales rasgos distintivos de los signos faciales rápidos implicados en la expresión de las emociones los encontraremos en los cambios que aparecen en los ojos, cejas, nariz, mejillas, boca, labios y barbilla.

- El dolor: Es una de las expresiones faciales más definidas y uniformes. Podemos identificar un rostro de dolor en un bebé por la siguiente configuración:

        - Desciende y junta las cejas.
        - Eleva las mejillas y reduce la apertura de los párpados.
        - Estira los párpados.
        - Cierra los ojos.
        - Frunce o arruga la nariz.
        - Alarga la comisura de los labios.
        - Desciende la mandíbula y abre la boca.

- La alegría: Es una de las emociones más fáciles de reconocer:

        - Eleva las mejillas y reduce la abertura de los párpados.
        - Desplaza la comisura de los labios hacia atrás y arriba.
        - Separa los labios.
        - Desplaza el labio inferior hacia abajo.
        - La mandíbula se cae.

- La ira:

        - Eleva la parte posterior de las cejas.
        - Desciende y contrae las cejas.
        - Eleva el párpado inferior y reduce la abertura palpebral (de los párpados).
        - Eleva la barbilla.
        - Los labios se encuentran tensos, juntos y apretados.
        - Mandíbula caída.

- El miedo:

        - Eleva la parte interior de las cejas y desciende la exterior, contrayéndolas.
        - Eleva el párpado superior.
        - Alarga la comisura de los labios.
        - Separa los labios.
        - Mandíbula caída.

- La tristeza:

        - Elevación de la parte interior de las cejas y descenso de las mismas formando un triángulo.
        - Descenso de la comisura de los labios, que incluso pueden estar temblorosos.
        - Eleva la barbilla.
        - Mandíbula caída.

- La sorpresa:

        - Elevación de la parte interior de las cejas y de la parte exterior.
        - Elevación del párpado superior.
        - Mandíbula caída.
        - Descenso de la mandíbula y abertura de la boca.

- El asco:

        - Elevación de las mejillas y reducción acentuada de la abertura palpebral.
        - Nariz fruncida y arrugada.
        - Elevación de la barbilla.

Tipos de llanto


El llanto del bebé es la primera herramienta de comunicación desde el nacimiento que implica vocalizaciones características, expresiones faciales y movimientos de los miembros. Se interpreta habitualmente como una señal de malestar por parte de los cuidadores, quienes buscan la causa para acabar con el problema.

El llanto es un signo, una señal y un síntoma que puede ser evaluado en sus múltiples componentes: frecuencia, duración, ritmo, intensidad y tono. Se han identificado seis tipos de llanto: dolor, hambre, cólico, incomodidad, aburrimiento y distress emocional. Cada una de estas formas de llanto posee unos parámetros acústicos:

- El llanto causado por el dolor es de muy corta duración, fuerte y de alto tono con una leve apnea, una pausa durante la cual el niño no respira. Los ojos suelen estar cerrados durante la mayor parte del llanto; se produce una considerable tensión en la zona ocular, lo que provoca un marcado entrecejo. La boca suele abrirse en relación directa con la intensidad de la estimulación. El llanto suele perdurar mientras la sensación de dolor está presente y va desapareciendo conforme se reduce el dolor.

- El llanto de hambre se produce frecuentemente a rachas breves, continuas e insistentes, posee un tono medio.

- Los cólicos presentan un llanto muy persistente a pesar de las estrategias que se realicen para calmarlo.

- El aburrimiento se expresa con llantos a ráfagas.

- El distress emocional se expresa a través de una gran variedad de formas de llanto menos específicas asociadas a cada una de las respuestas emocionales del bebé (miedo, ira, asco, etc.).

- El llanto en la ira: Los bebés reaccionan llorando cuando se les provoca el enfado. El llanto suele comenzar con poca intensidad, como protestando, y se va incrementando hasta alcanzar los niveles máximos a los pocos segundos. Los ojos suelen estar abiertos, pero no fija la mirada en una persona. La boca suele abrirse menos que en otros tipos de llanto y puede cesar bruscamente cuando desaparece la situación que le había provocado el enfado. El entrecejo suele estar fruncido.

- El miedo: La expresión del miedo por parte de los bebés aparece unos segundos después de la aparición de un estímulo intenso (por ejemplo, un ruido). En primer lugar aparece un reflejo muscular, seguido de un incremento de la tensión facial, especialmente de la boca. Si la tensión se incrementa, llega un momento en el que se produce la explosión del llanto, con gran intensidad desde el principio. Los niños más pequeños mantienen los ojos cerrados por más tiempo y no suelen aparecer movimientos de escape (retroceder, etc.). Los mayores de ocho meses suelen retirar la cabeza y ejecutar respuestas de escape. En todos los casos, el llanto puede detenerse y volver a surgir a los pocos segundos. Después de calmarle suelen aparecer sollozos, respiración entrecortada e incluso hipo. Suele durar más tiempo que el llanto provocado por la ira. Los ojos se encuentran semicerrados, el entrecejo fruncido y la boca abierta. Busca con la mirada a su cuidador para que le calme.

Análisis acústico del llanto

Entre las formas alternativas para estudiar las emociones está el estudio acústico del llanto. El proceso de registro y análisis es breve y no invasivo. La valoración del llanto en el neonato provee de valiosa información no sólo sobre su estado emocional, sino también sobre el estado neurológico y médico del bebé. Según los estudios realizados hasta ahora, los parámetros anormales en el análisis acústico del llanto puede ser una señal de que existe una patología. Diversas variaciones en las características del llanto se han identificado de forma estable en patologías tales como síndrome de Down, encefalitis, meningitis, anoxias y diversos daños cerebrales.

Un estudio de 2007 de Robb, Crowell, Dunn-Rankin y Tinsley valoraba los patrones acústicos de un grupo de niños con antecedentes de muerte súbita entre alguno de sus hermanos y otro formado por niños con bajo riesgo de muerte súbita. Los autores concluyeron que el análisis del llanto puede ser útil como marcador diagnóstico para identificar niños con alto riesgo de sufrir muerte súbita.

El potencial diagnóstico del análisis acústico del llanto está aún por explorar y utilizar en contextos clínicos, pero sus aplicaciones son múltiples, como por ejemplo para valorar el mensaje implícito en él, lo que redundaría en asegurar la seguridad del bebé e incrementar los vínculos afectivos entre éste y sus progenitores.


Fuente: Guía de la expresión del bebé, elaborada por D. Enrique García-Fernández, el Dr. Francisco Martínez Sánchez y el Dr. Mariano Chóliz en colaboración con el Instituto del Bebé Nuk.
 

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