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Los bebés, vienen al mundo desprotegidos, solos, no saben hablar, caminar o alimentarse por sí mismos. Están casi más indefensos que cualquier otro recién nacido del planeta. Sin embargo, a lo largo del primer año de existencia, los bebés se transforman dejando de ser las criaturas más indefensas para convertirse en las más capaces.

De hecho, el hombre es el único primate que camina erguido sobre las dos piernas. Los científicos están investigando para ofrecernos una de las imágenes jamás vistas de los bebés. Nos permiten aprender más que nunca sobre esas transformaciones que los humanos recién nacidos experimentan para sobrevivir desde su primer aliento hasta sus primeros pasos.

Un recién nacido bajo el agua representa un momento extraordinario. Un ser humano inspirará más de 600 millones de veces a lo largo de su vida, pero el primer aliento será el más complicado y peligroso.

Hasta que nacemos, el bebé recibe oxígeno a través de la placenta y mientras permanece en el útero, sus pulmones están prácticamente aplastados. Esto cambia cuando llegamos al mundo y comenzamos a inspirar.

Inflar los pulmones por primera vez requiero n esfuerzo 10 o 15 veces mayor que una inspiración normal. Al hacerlo, el líquido de su interior comienza a absorverse por el torrente sanguíneo. La inspiración ha de ser fuerte, para hinchar los millones de alveolos. La expiración tampoco será fácil, los pulmones pueden hundirse demasiado.

Acaba de nacer un niño, pero pronto queda claro que algo va mal. El pequeño no respira, no recibió suficiente oxígeno antes o durante el parto y el sufrimiento le llevó a defecar en el líquido amniótico. Esto taponó las vías respiratorias y ahora los pulmones sufren el riesgo de hundirse. El equipo succiona la materia que tapona las vías respiratorias, luego se le administra oxígeno adicional.

La falta de oxígeno durante varios minutos podría provocar daños irreversibles. Al final consiguen reanimarle, no ha sido fácil pero el pequeño respira sin problemas. Pese a todo, la primera respiración es sólo una de las primeras transformaciones en el primer día de vida.

Tras pasar varios meses suspendidos en un líquido, los neonatos han de enfrentarse a la gravedad de una forma totalmente distinta. La cabeza de los bebés es alargada debido a las dimensiones del cerebro, es una cuarta parte de su peso total y tendrán que pasar varios meses hasta que pueda levantarla.

Los neonatos dependerán de quien les cuida para casi todo. Tardarán meses en ejecutar movimientos como rodar sobre sí mismos o sentarse.

La mayoría de los cuadrúpedos son capaces de caminar poco después de venir al mundo. Los elefantes se ponen de pie casi de inmediato, los monos en uno o dos meses ya casi corretean y los chimpancés son capaces de caminar pasados los seis meses.  ¿Por qué necesitan entonces los humanos 1 año para dar sus primeros y vacilantes pasos?

“Al nacer, el tamaño del cerebro de los humanos es realmente enorme en comparación con el del resto de su cuerpo y además sigue creciendo a toda velocidad en los meses siguientes al parto. Los primeros meses de vida seguimos siendo fetos pese a estar fuera del vientre materno”.

En relación con el tamaño de su cuerpo, el cerebro de los humanos es más grande que el de la mayoría de criaturas del planeta y la necesidad de pasar esa enorme cabeza por el pequeño conducto pélvico de una madre, explica el motivo de que los bebés sean criaturas tan indefensas.

Karen Dosendorf estudia fósiles humanos para comprender por qué nacemos cuando nacemos. “Hace 8 millones de años, por ejemplo, los antepasados humanos se parecían mucho a simios, chimpancés y gorilas, y seguramente entonces los partos eran más sencillos pues las mujeres disponían de bastante más sitio”.

Hoy en cambio, el gran cerebro de un bebé ha de caber por una pelvis materna notablemente estrecha. Nuestra condición de bípedos reduce aun más las dimensiones del canal del parto que en el caso de cuadrúpedos como los chimpancés.

“En los simios, la entrada del conducto pélvico tiene la misma forma que la salida, y la cabeza del bebé puede pasar sin problemas pues sobra espacio”. A diferencia de otros animales que siempre paren solos, los humanos necesitan ayuda externa y el parto siempre ha sido un proceso peligroso.

Durante gran parte de la historia de la humanidad  la principal causa de mortalidad de las mujeres fue el parto.

El bebé ha de retorcerse para salir. “Esta es la pelvis de una mujer tal y como la vería una comadrona. La cabeza del bebé no entra en el canal del parto en esta posición, tiene que ladearse, pero luego queda atrapada hasta que se llega a la mitad del conducto pélvico para salir así”.

Si permaneciéramos mucho más tiempo en el conducto materno  nuestros cerebros jamás cabrían por el canal del parto pues en el primer año de vida crecen más del doble de su tamaño original.

“Los bebés humanos nacen en un punto de equilibrio, si viniéramos al mundo en un momento más avanzado de nuestro desarrollo estaríamos menos indefensos pero la cabeza sería demasiado grande para pasar por el canal de parto. Si naciéramos antes el parto sería más sencillo pero estaríamos menos desarrollados y correríamos los mismos riesgos que los bebés prematuros”.

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