El Papá que no sabía contar cuentos
Cuento › Aventuras
Había una vez un papá que no sabía contar cuentos... Cada noche antes de dormir, Jaime, llamaba a su papá - Papá, ¿me cuentas un cuento? - Hijo, no se ningún cuento, si quieres...
Cuento › Aventuras
Había una vez un papá que no sabía contar cuentos... Cada noche antes de dormir, Jaime, llamaba a su papá - Papá, ¿me cuentas un cuento? - Hijo, no se ningún cuento, si quieres...
Cuento › Miedo
Érase una vez un monstruíto llamado Remin. Remin vivía en un mundo de fantasía en el que desobedecía todo lo que su familia y amigos le decían. No hacía los...
Cuento › Animales
¿A pintar? ¡Por favor! Que el ya tenía 10 años y eso era cosa de bebés. Entonces se le ocurrió una cosa. Nunca le había gustado el pelo de su prima. Tenía la cabeza llena...
Cuento › Aventuras
Manu, Susana, Eva y Pablo están hablando antes de entrar al colegio. - ¡Venga! ¡Cuéntame una aventura! – pide Pablo. -Ahora no tengo ganas –dice Manu. - ¡Sí! ¡Sí!...
Cuento › Hadas y duendes
Erase un crudo dia de invierno. Caía la nieve, soplaba el viento y Belinda jugaba con unos enenitos en el bosque. De pronto se escucho un largo aullido ¿qué ha sido eso? Preguntó...
Cuento › Príncipes y princesas
Hubo una vez en un pais de arábia, un emir sumamente rico y muy caprichoso en el arte del comer. Los mejores cocineros de la región trabajaban para él, forzando cada día su imaginación...
Cuento › Miedo
Èrase una vez... un gigante que, al repartir un tesoro con un hechicero muy codicioso, se peleó con él y le amenazó: "¡No ves que podría aplastarte con mi meñique si quisiera!...
Cuento › Clásicos
Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -murmuró el Estudiante-; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja. El Ruiseñor le estaba escuchando...
Cuento › Clásicos
Érase una vez una ola chiquitita, chiquitita, que estaba triste. ¿Qué te pasa?, le preguntaban los cangrejos cuando salían de la arena al retirarse las aguas del mar. Que nunca...
Cuento › Clásicos
Muy temprano, antes de meterse en el obrador donde desaparecía el tiempo y pintaba horas y horas, a Gregorio le gustaba subir a la azotea de su casa. Era una mañana de un azul que...
Cuento › Príncipes y princesas
Hace mucho tiempo había un rey que tenía un hijo muy valiente. Un día le dijo el príncipe a su padre: -Padre, voy a salir por el mundo en busca de aventuras. El rey se negaba a...
Cuento › Clásicos
Jamás hubo lugar más espléndido ni época más propicia que la que vivía la hermosa ciudad de Daduiz. No había ciudadano triste ni comida ajena; todo cuanto daba el mundo era dado...
Cuento › Aventuras
Que bien que se está aquí! ¿verdad?, dijo la Maga Cuenta Cuentos tendida en una verde colina. Shiiiii, se está genial..., dijo en un suspiro de plenitud, estirándose todo y con...
Cuento › Animales
Allá una vez hizo la tuerce que tío Conejo se enamoró de tía Venada al mismo tiempo que tío Tigre. Y tía Venada, yo no sé si de miedo o porque de veras le gustaba, al que correspondía...
Cuento › Naturaleza
Érase una vez un viento cansado. Tan cansado que no era capaz de levantar los pies para dar un paso. A duras penas podía arrastrarlos. Y tenía un montón de razones para estar...
Cuento › Animales
Cerca de la casa está el parque donde cada día vamos a dar una vuelta en bicicleta, junto con varios amiguitos de la misma cuadra. Las condiciones ya las conocemos: tener cuidado...
Cuento › Clásicos
En mi familia ya hemos perdido el acento y nadie diría que nuestros lejanos antecedentes habían nacido en la extensa estepa meridional que se extiende entre el Báltico y los Urales....
Cuento › Dragones
Según cuentan por allí, hace muchos años, en el Bosque Ilusión, allá donde viven esos exóticos duendecillos de piel verde como esmeralda aconteció una extraña historia. Vivió...
Cuento › Príncipes y princesas
La mujer del leñador se levantó esa mañana muy temprano, pues quería ir al bosque a recoger moras para hacer una tarta para su querido marido, ya que era su postre favorito. Así...
Cuento › Clásicos
Como aún era demasiado renacuajo para ir solo en metro, cruzar la calle por mi cuenta, o invitar al cine a la chica pecosa que vivía en el rellano de mi escalera, decidí convertirme...