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Preadolescencia y riesgos que debes conocer

Preadolescencia y riesgos que debes conocer

La preadolescencia es el estadio vital entre la niñez y la adolescencia. Se produce entre los 9 y los 13 años y marca el comienzo de una nueva etapa de construcción de la identidad del niño; en esta construcción de su “yo” intervienen cambios corporales, conductuales y emocionales.

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Cada niño tiene su propia maduración y llegarán antes o después a esta etapa. Los cambios que se presentan son muchos y muy variados y cada niño los experimentará con mayor o menor intensidad, pero podremos identificar algunos muy característicos como los siguientes:

- Miedo a  hacer el ridículo, aumenta su sentido de pudor y vergüenza ante su propio cuerpo, que puede generar conflictos relacionados con su imagen corporal, por lo que se recomienda tacto a la hora de a abordarlos.

- Aparece la necesidad de mayor intimidad, se van alejando de los adultos, pasan más tiempo en sus habitaciones escuchando música, leyendo o viendo tv. Este comportamiento en realidad no debe preocuparnos en exceso, ya que es lo que construirá su propia identidad.  Se recomienda mantener los lazos afectivos y comunicación, que son muy importantes en esta etapa.

- Es una fase en la que los niños tratan como sea de agradar a sus amigos. Su grupo de pares empieza a ser su centro de referencia, en donde construyen sus pensamientos, adoptan actitudes, lenguaje (jergas) propias del grupo que serán muy diferentes a la de los padres.

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- Los cambios emocionales serán muy drásticos, de un estado de alegría a uno de profunda tristeza (característico de la etapa). Para los niños que están en esta etapa, todo es extremadamente ideal o justo lo contrario. Es un periodo lleno de ilusiones, risas, llanto, discusión interna; tiempo de grandes y profundos cambios que, como padres, es importante asimilar y gestionar.

Todos estos cambios y muchos más pueden provocar fricciones y acabar en conflictos entre padres e hijos, por lo que será importante que seamos conscientes de que para ellos tampoco es fácil asumir todos estos cambios y transformaciones y que el paso de niño a adolescente y después a adulto precisa de apoyo de unos padres comprensivos pero no permisivos.

Los factores de riesgo en esta etapa pueden prevenirse con una intervención preventiva y temprana basada en el desarrollo del niño, por ejemplo, si en los años de preescolar se presentan conductas agresivas, estas se pueden cambiar o prevenir con intervenciones familiares, escolares y comunitarias dirigidas a ayudar a que los niños desarrollen conductas positivas apropiadas. Si no son tratados estos comportamientos negativos pueden llevar a riesgos adicionales como el fracaso académico y dificultades sociales que aumentan el riesgo en un futuro próximo para el uso de drogas, vandalismo, abuso de poder (bullying).  Si tu niño no fue corregido en tiempo, será el momento de que recurras a especialistas que te orientarán a ti y a tu hijo para solucionar la situación que se presente de una forma favorable para ambos.

Con la preadolescencia llega una etapa de enfrentamiento entre padres e hijos, que se resisten a todo lo que se les dice por el simple hecho de llevar la contra y muchas veces esto lleva a una agresión mutua, por lo que se recomienda seguir trabajando los límites y buscar asesoría de profesionales en el manejo de conductas. En este momento los padres quedan en un segundo plano y los amigos pasan a ser sus referentes, sus grupos de pertenencia, sus ídolos. Y es aquí donde se dan las primeras salidas, pasan horas conectados, se reúnen en sus casas largos periodos… ante lo que es importante orientar, conversar y estar pendientes de la influencia que puedan tener estos amigos en su comportamiento para evitar problemas futuros.

Surgen situaciones desafiantes como “ya soy grande”, “a mis amigos ya los dejan” y las anteponen cuando piden permiso para algo, por lo que será importante nunca dejar de lado las buenas costumbres, principios y valores inculcados en la infancia, así como una buena comunicación para que podamos confiar en ellos y que confíen en nosotros de manera que puedan hablar sin reservas y sin miedo a reprimendas. Esto nos permitirá tener la oportunidad de darles paso a paso, esa independencia que tanto reclaman.

La rebeldía se da en la búsqueda de su identidad, autonomía e independencia, llegando en ocasiones a la mentira, debido a que los deseos del adolescente no se apegan a lo que los padres esperan y han inculcado en ellos, por lo que será muy recomendable que prevalezca ese vínculo de comunicación y confianza entre padres e hijos y hacerles saber que cuentan con vosotros, pero que tendrán que dar algo a cambio. Si sabemos manejar los límites en esta etapa evitaremos grandes problemas como:

- Embarazos y partos precoces

- VIH (Sida)

- ITS (Infecciones de Transmisión Sexual)

- Violencia

- Alcoholismo, drogadicción y tabaquismo

- Desnutrición y obesidad

- Anorexia y Bulimia

- Depresión

- Suicidio

Si sentimos que no podremos decir NO, será el momento de pedir ayuda profesional para poder hacer cambios y vivir mejor este momento de transición como padres e hijos y enfrentar todo lo que esta etapa implica.


Fecha de actualización: 07-01-2021

Redacción: Irene García

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