Uso de medicamentos en niños

Uso de medicamentos en niños
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Les pasa a todos los padres. El mínimo indicio de enfermedad en un bebé despierta hasta el más aletargado instinto paternal, pero al mismo tiempo asaltan las dudas ¿Qué hago? ¿Será grave? ¿Lo llevo a Urgencias? ¿Le medico?

No es raro, especialmente cuando ya se han vivido varios de estos episodios, que los progenitores se pongan la bata de doctor y traten de curar a sus retoños cuando los primeros síntomas alertan de una dolencia. Instinto de protección, prisa, preocupación, no querer molestar al médico, desconocimiento,… son varios los motivos que nos empujan a ejercer de improvisados enfermeros o galenos, pero hacerlo no siempre es lo más adecuado. En no pocas ocasiones el niño recibe más medicación de la necesaria, o peor, una equivocada.


No está mal ofrecer los primeros auxilios a un niño enfermo, de hecho es lo recomendable, pero ante la presencia de un cuadro más grave o que desconocemos, debemos dejar la tarea a personas cualificadas.


Los medicamentos son sustancias que se utilizan para curar, prevenir o aliviar enfermedades, pero no son inocuos. Su eficacia depende de la cantidad administrada y de su correcto uso. Un mal empleo o un consumo excesivo o insuficiente, especialmente en niños pequeños, puede acarrear consecuencias desfavorables: intoxicaciones, falta de efectividad, resistencias, dependencia, intolerancias, hipersensibilidad, etc.


No es cuestión tampoco de dejarnos llevar por el pánico y presentarnos en Urgencias ante el más ligero estornudo. La mayoría de las dolencias infantiles son leves (resfriados habitualmente) y sus síntomas, como fiebre, tos, congestión nasal, dolor de oídos, dolor de garganta, diarrea, etc. suelen ser mecanismos de defensa del organismo que no conviene eliminar. Algunos sencillos remedios como guardar reposo, proveer mucha hidratación, favorecer la ventilación y administrar alguna medicina para atenuar la fiebre y/o el dolor serán suficientes.


En otros casos, los síntomas puedes ser más agresivos, con lo que la opinión y la prescripción de un médico son fundamentales.


El sentido común nos ayudará a saber si nuestro hijo no se encuentra bien y la gravedad de su malestar.


Qué debes saber antes de medicar a un niño


Antes de darle un fármaco a tu hijo ten en cuenta lo siguiente:


- No le des ningún medicamento cuyos efectos en el cuerpo de un bebé o un niño desconozcas. Las medicinas que tomamos los adultos están diseñadas en forma y dosis adecuadas para nuestros organismos. El mismo medicamento, en dosis no adecuadas para un niño, puede ser terriblemente perjudicial, debido a las características particulares de su organismo. El cuerpo y los órganos de los niños están en continuo desarrollo, por lo que la absorción, metabolismo y eliminación de determinados fármacos pueden verse afectados por estos cambios. Del mismo modo la inmadurez de algunos órganos incompatibiliza la ingesta de muchos medicamentos.


- El abuso o el uso continuado de ciertos medicamentos pueden provocar que quien lo tome desarrolle resistencia a ese principio activo y pierda toda eficacia. El ejemplo más claro lo encontramos en los antibióticos, cuyo uso desmesurado e injustificado, supone que estos dejen de “funcionar” para atacar a los microbios para los que fueron creados.  


- Los efectos de un fármaco pueden tapar los síntomas de otra enfermedad más grave. Por ejemplo detener la tos sin averiguar previamente la causa puede no alertarnos de una posible neumonía.


- El tratamiento que se le da a un niño no debe ser generalizado. Lo que le fue bien al hijo de mi prima no tiene por qué ser lo mejor para el mío.


- No todas las enfermedades se curan con medicinas. Algunas solo requieren de reposo, cuidados o remedios naturales. Vivimos en una época en la que los avances médicos y científicos nos llevan a pensar, erróneamente, que toda patología tiene cura o puede tratarse con medicamentos. Lo que nos lleva a pretender que cualquier dolencia pueda eliminarse con una pastilla, pero no es así. A veces la ingesta de un medicamento puede ser innecesaria o perjudicial.


- Lee bien los prospectos antes de utilizar cualquier fármaco, especialmente si lo va a tomar un niño. Sigue las recomendaciones en cuanto a pautas y dosificación en función del peso y edad del pequeño.


- Ante la mínima duda lo deseable es consultar a un médico.


Qué saber de los medicamentos de uso frecuente en niños


Antibióticos: El papel de los antibióticos para el tratamiento de infeccionas es indiscutible, pero siempre que se empleen de forma prudente. Y es que, el cada vez mayor uso indiscriminado de estos entre la población ha llegado a provocar la puesta en marcha de distintas campañas para sensibilizar a la sociedad. Como decíamos anteriormente el peligro de emplear incorrectamente los antibióticos radica en la resistencia que las bacterias están desarrollando contra estos, por lo que su eficacia estaría en serio peligro. Lo que supone a las farmacéuticas tener que fabricar otros nuevos. Cada antibiótico tiene efectos sobre un tipo de bacterias por lo que no todos sirven atajar cualquier infección. Estos deben ser siempre prescritos por un médico que conozca exactamente qué tipo de germen está provocando la infección.


Antigripales: A día de hoy no se ha encontrado cura para la gripe. Un error extendido es pensar que podemos remediar esta dolencia con comprimidos, pero no es cierto. Los antigripales no curan los catarros ni las gripes. El objetivo de estos es simplemente atenuar sus síntomas (dolor, fiebre, congestión nasal, tos, malestar, etc.), pero no actuarán sobre la causa, por lo que la enfermedad durará lo mismo con tratamiento que sin él. Si el catarro no es muy grave es preferible tomar otras medidas como reposo, alimentación adecuada, hidratación, etc.


Antidiarreicos: Muchos medicamentos que detienen la diarrea o los vómitos están contraindicados en pediatría. La expulsión de las heces en forma de diarrea en cuadros de gastroenteritis por ejemplo, tiene la función de eliminar las bacterias que ocasionan el daño. Evitarlo con este tipo de fármacos favorece la proliferación de gérmenes en el organismo, retrasando su eliminación natural y la recuperación. Además, su consumo puede ocasionar graves efectos secundarios (dolor abdominal, parálisis intestinal, distensión abdominal, etc.). El tratamiento en estos casos debería ir dirigido a paliar la deshidratación o los síntomas asociados con bebidas abundantes, suero oral, etc. Generalmente la diarrea dura de 2 a 5 días sin administrar ningún tratamiento.


Suplementos vitamínicos: Los niños sanos que se alimentan normalmente no necesitan vitaminas adicionales. Solo en caso de sufrir alguna carencia el médico se encargará de recetar la administración de aquella que sea necesaria. Hay una creencia popular generalizada, y equivocada, que afirma que las vitaminas dan energía, abren el apetito o evitan ciertas enfermedades.


Lo que pocos parecen saber es que la ingesta desmesurada de vitaminas también tiene unos efectos secundarios bastante serios. Algunas vitaminas, las hidrosolubles, son utilizadas inmediatamente por el cuerpo, si esto no ocurre se eliminan por la orina, por lo que una sobredosis (hipervitaminosis) no resultaría perjudicial. Otras, en cambio, no se eliminan tan fácilmente. Son las liposolubles como por la A, D, E o K, y los efectos de recibir más cantidad de la necesaria pueden ser muy graves.


Los complejos multivitamínicos son totalmente innecesarios. Solo el pediatra puede decidir si el pequeño, tras un análisis, requiere de algún nutriente. Si no, siempre será preferible recibir las vitaminas que necesita nuestro organismo a través de una alimentación variada y equilibrada.


Estimulantes del apetito: Cuando un niño no come, debemos encontrar el origen de su falta de apetito. Ningún niño se deja morir de hambre por capricho si tiene comida a su alcance. La mayor parte de las causas de inapetencia de los menores suele estar relacionada con las raciones desmesuradas que se le ofrecen. Esto es, los padres o cuidadores pretenden que se coma una cantidad normalmente mayor de la que necesita el niño. Lo que no significa que no coma, sino que no come lo que los adultos queremos que coma. Otras veces el problema está en que ha picado entre horas y llega a la hora de comer sin hambre o que una enfermedad le ha quitado el apetito.


No se ha comprobado la eficacia de los estimulantes de apetito, y sí muchos efectos secundarios. Por lo que la solución en estas situaciones está en descubrir la causa y poner remedio, especialmente si se debe a una enfermedad. Además es importante favorecer una alimentación sana y variada y animar a la práctica de ejercicio físico.


Redacción: Lola García-Amado

Foto: freedigitalphotos.net


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