Un día en el campo

Enviado por tomire77

UN DÍA EN EL CAMPO
 
Un día de fin de semana, Lucía, salió con sus papis al bosque, a visitar el Pinar de Tamadaba, en la hermosa Isla de Gran Canaria, iban a preparar una barbacoa y a pasar el día allí disfrutando de los árboles, el canto de los pájaros, el azul del cielo, y el aire puro

.
Cuando llegaron, aparcaron, sacaron todos los bártulos del coche y empezo papi a calentar la barbacoa, mientras que mami sacaba las bebidas, la bolsa para las basuras, el radio-cassette para oir música, y algunos juegos como las cartas, la comba....., nada más llegar nos dimos cuenta de que habían más familias repartidas por las otras barbacoas, preparándose alegremente como nosotros, pero había un grupito que lo que estaba haciendo era molestar a los demás, con voces altas, también la música, y ensuciándolo todo, todos intentaban apartarse de ellos, e ignorar el bullicio que montaban, pero inevitable mirar y lamentar como estaban dejando todo para el que viniera después, y el espectáculo bochornoso que estaban montando. Fué entonces cuando a Lucía se le ocurrió una brillante idea, y le dijo a su papá que era el momento de que interpretaran la obra de teatro que habían hecho varias veces en casa, ¿cuál? le dijo su papá, ¿la de la playa, la del campo...?, a lo que Lucía contestó, la del campo papá, no hay mejor momento para hacerla, y así empezaron:
Quitaron las cosas de la mesa, y se subieron los tres, Lucía, papá y mamá, y empezaron en voz alta a interpretar su obra:
- Papá:  Bueno Lucía, ya se ha acabado el día de campo, los pájaros están volviendo a sus nidos, y es hora de que tú vuelvas al tuyo, los niños pequeños deben volver pronto a casa, para ducharse, cenar, y dormir mucho, para que al día siguiente tenga un día alegre y con ganas de aprender muchas cosas nuevas.
- Lucía: Sí papá, así es, así que vamos a recoger todo, para que cuando volvamos otro día podamos ocupar el mismo lugar sin necesidad de encontrarlo todo hecho un asco.
- Mamá: Así es Lucía, si dejamos todo como lo encontramos, cuando volvamos a disfrutar otro día, no sólo podremos hacerlo nada más llegar, sino que además habremos evitados, que son esta simple botella, o esta bolsa de plástico se haya podido crear un incendio, y que con este abrelatas se haya podido hacer daño algún animalito del bosque, ¿porque tú no quieres que ningún conejito se quede sin su mamá ni su papá verdad?.
- Lucía: Tienes razón mamá, las cosas hay que dejarlas como a nosotros nos gustaría encontarlas, y hay que evitar que se hagan daño los seres que habitan aquí todos los días.
- Papá: Muy bien dicho cariño, porque nosotros venimos un ratito un día, pero aquí hay seres vivos, como las ardillas, los conejitos, los árboles y las aves que están toooodos los días, porque esta es su casa, y a nadie nos gusta tener la casa hecha un asco, ni que nos vengan visitas y nos la dejen perdida.
- Mamá: Evidentemente que no, ni tampoco nos gusta que venga a perturbar nuestra tranquilidad, con chillidos y música a todo volumen, porque hay que saber compartir y respetar a los demás.
- Lucía: Sí mamá, porque uno se puede divertir sin necesidad de aguarle la fiesta a los demás, y sin estropear un bosque que lleva muchos años siendo tan bonito y brindándonos su tranquilidad.
- Papá: Así es Lucía, así que después de haber pasado un agradable día, lo menos que podemos hacer es dejarlo todo bien limpito para la próxima vez, y una vez hecho esto nos podemos ir a casa con la conciencia bien tranquila de haber hecho un buen trabajo.
- Lucía: Dadme un abrazo papis, que sois los mejores del mundo, no sólo me enseñais las maravillas del mundo, sino que me educais para que cuando yo tenga vuestra edad pueda enseñárselas a mis hijos, y así siempre......
 
Cuando Lucía, acabó de decir estas palabras, todo el mundo empezó a aplaudir, no se habían dado ni cuenta embelesados en la obra, pero Lucía había conseguido lo que quería, además de entretener al resto de familias que estaban preocupadas por el comportamiento de aquel grupito, habían acaparado la atención de dicho grupo, y no sólo habían dejado de chillar y molestar, sino que habían escuchado con la misma aténción que el resto la obra, y avergonzados estaban recogiendo y limpiandolo todo.
La lección estaba aprendida y Lucía con sus padres volvió a casa satisfecha de haber hecho hoy dos buenas tareas para el mundo, una dejarlo todo como estaba y otra haber enseñado a los demás a respetar. Había sido el día perfecto.

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