Los angeles de linda evelyn

Los angeles de linda evelyn

Enviado por Chevick

 Cuando Linda Evelyn nació, vino con sus ojos grandes y un cuerpo de miniatura que hasta algunos vecinos llegaron a preguntarme si era de verdad o de mentiras

. Creció rápido que pronto abandonó sus muñecas de trapos, y empezó a tener amigos imaginarios que habitaban en la casa hasta la media noche. Una noche le pregunté: mi amor con quién hablas? Ella me dijo: papi con los amigos del cielo. Y cómo son ellos? Tienen los ojos como los míos y el alma grande como los de mami, me respondió. Van a la escuela contigo? Si, solo que son invisibles a los ojos de los grandes porque no quieren que les hagan milagros por encargo.

 

Me fascinaba su mundo imaginario, y llegué a pensar que yo podía escribir sus lindas historias de ángeles de sueños, y fue un día después de comernos un helado en la esquina del barrio, le dije que me contara la historia más reciente. Si me dijo, pero hagamos un trato especial. Cuál? Le respondí con cierta inquietud mirándole directamente a los ojos: que nunca me falten los helados de chocolate en mi lonchera, y que cuando este soñando con mis ángeles tú no ronques tanto. Le respondí de inmediato, que por los chocolates no tengo problema, pero los ronquidos, como me doy cuenta que estoy roncando? Le respondí.

No te preocupes, yo te puedo ayudar. Cómo? Le pregunté mirándole por encima de su inteligencia y por debajo de mi inocencia. Muy fácil papi. Siempre te he observado cuando roncas, que abres la boca como un tiburón hambriento, y tiras patadas como un burro viejo. Ya, no más por favor, le sugerí. La semana pasada hablé con mi abuelita Rosana, y ella me contó que lo que más te gustaba cuando era niño era masticar chicle, de ese que se le pega a uno hasta en la caja de dientes. Y sabes, cuando uno es viejo vuelve hacer niño, razón por la cual tu aplicas. Pero si me asfixio porque mi boca está pegada? Entonces matamos dos pájaros de un solo tiro.

Te amarro el dedo gordo con un cordón al techo, cosa que cuando te este ahogando despiertes y dejes de patear mis muñecas de trapos. Estás de acuerdo papi? La miré de nuevo y pensé: definitivamente yo nací hace cincuenta y tres años, pero yo debo de aprender mucho de ella. Está bien mi amor, pero ahora el trato es que todos los días de camino a la escuela, me contaras lo que sueñes la noche anterior. De acuerdo, me respondió ella sellando el trato con un beso.

 

Anoche mientras tú roncabas y pateabas, ellos tocaron mi corazón y los dejé entrar; entraron despacito, casi volando para no despertarte. Traían mucho frio en sus cuerpecitos porque venían de mundos lejanos que yo desconocía, pero que eran hermosos.

En cada árbol habían muchos pájaros de colores que volaban al mar  trayendo sus alimentos a sus hijitos. Allá quedaba el gavilán cuidando de ellos como si fueran sus hijos. Cómo así que el gavilán, la interrumpí de inmediato, si es un ave de rapiña que le gustan los pájaros chiquitos. Es para que se des cuenta papi, como es la vida de chévere por allá.

 

En el viaje los pájaros iban todos abrazados para cortar el viento, pero de un momento a otro empezó a caer una lluvia con granizos y ellos se asustaron mucho, pues temían que sus alas se dañaran y cayeran al vacio. Empezaron a llorar y a mirar a todos lados pero ahí estaban mis ángeles de sueños con sus alas grandes para rescatarlos. Los llevaron al sol para que secaran sus plumas y a la luna para que tomaran pan y vino.

Allí estuvieron hasta el amanecer y luego emprendieron el viaje hacia el mar en compañía de los ángeles. Llegaron al amanecer del otro día. Estaban muy cansados porque no habían podido sentarse en las nubes a descansar, ya que tenían mucha electricidad todavía.

El mar estaba tranquilo, tan tranquilo que ellos escuchaban a los peces sobre los corales, y a las ballenas en el otro mar tan lejos como de aquí a las estrellas o al mismo cielo.

Allí se bañaron todos. Caminaron en la playa y disfrutaron del paisaje que contrastaba con una linda ensenada que los invitaba a ser huéspedes. Era fantástico ver a diario como las olas llegaban y se expandían por debajo de las raíces de los árboles, y cientos de miles de cangrejos de diferentes tamaños y colores salían de sus escondites. Hubo comida para todo el mundo, tanto que comieron y bailaron hasta el amanecer del otro día alrededor de una fogata inmensa que no parecía extinguirse con el viento ni con una lluvia suave que caía. Y los ángeles comieron cangrejos también? Le pregunté fascinado con su historia. Huy papi, como se le ocurre si ellos solo comen pan y vino. Ellos no son como nosotros que somos hasta recicladores. Bueno, y luego qué pasó? Le ingerí queriendo conocer el final. Los ángeles le dijeron que ya todo estaba bueno, que era hora de viajar antes que las tormentas del invierno empezaran a llegar. Los ángeles del cielo iban adelante y todos los demás atrás. Iban cantando y cada uno de ellos iba cerrando filas contra el viento.

Fueron los ángeles que se dieron cuenta  que uno de ellos hacía falta. Regresaron a la ensenada y allá estaba él en medio de corales llorando sus tristezas. Por qué te has quedado de nosotros y por qué lloras? Le preguntó el ave mayor con preocupación. Casi no podía hablar, tenía su voz quebrada y sus ojitos rojos por las lágrimas. Se acomodó sus plumas y haciendo un sobre esfuerzo les dijo: mi novia no me quiere, y verla con otro me cuesta mucho aceptarlo, Le respondió. Y por qué piensas eso? Le preguntaron todos al mismo tiempo con la mirada serena. Anoche soñé eso y si lo creo porque me ignora cuando yo le canto, respondió.

Primero quiero decirle que es una tontería que pienses eso, le respondió el ángel más joven, porque si la soñaste, quiere decir que ella está en tus sueños formando barquitos de papel para viajar a lugares lejanos donde solo llegan los que aman, y segundo, no hay ninguna indiferencia, ella lo que esta es embarazada, así se ponen en ese estado, concluyó el ángel. De verdad? Preguntó queriendo poner la respuesta en boca de los ángeles y en el pico de todas las aves. Si, si, respondieron todos. Ahora el estaba contento, las penas se habían quedado en los corales y arrecifes, y ahora volaba con ellos esperando abrazarla a su llegada. El buitre estaba cuidando de sus polluelos y como agradecimiento a tan gran solidaridad, ellos le traían cangrejos y las coordenadas del lugar para que viajaran pronto a esas tierras a disfrutar de los paisajes y de los cangrejos. Los ángeles se marcharon al lugar donde nos vigilan a todos los que estamos conectados con sus alas, y con sus pequeños mundos, concluyó mi hija.

Que lida historia, mi pequeña bebe. Que debo de hacer para estar conectado con sus alas y sus sueños? Le pregunté con voz disimulada. “Dejar de roncar tanto papi”; esto lo dijo por encima de su inteligencia y por debajo de mí inocencia. Así es mi hija Linda cuando habla con los ángeles del cielo.

FIN

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