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La cebra y el cocodrilo

Enviado por Gustavo L Ruiz

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Cierta vez una cebra intentaba llegar a un árbol. Un árbol que poseía una fruta muy rica para las cebras, una fruta que además de ser deliciosa también servía como medicina para toda la manada. Anteriormente la fruta estaba al alcance de toda la comunidad, pero poco a poco se fue formando un lago, y el árbol quedó en la orilla opuesta.
Las cebras eran brillantes nadadoras y una vez al día acudían varias a tomar un puñado de frutas.


El lago poco a poco fue habitado por pequeños cocodrilos amistosos y las aguas fueron cambiando su color. De pronto y de la nada se volvió oscuro, ya no era ese lago cristalino, se convirtió en un pantano.
Los cocodrilos amistosos desaparecieron y llegaron unos que no eran nada amigables. Antes de retirarse el último cocodrilo bueno les advirtió a las cebras :

-“No se metan al pantano, estos cocodrilos son hambrientos”.


Fue así que de repente, las cebras no pudieron llegar más hasta su árbol de dulces frutas.
Una noche, el hijo de una de las líderes de la manada enfermó, y la madre necesitaba desesperadamente llegar a ese árbol, necesitaba una fruta urgente.

Pues estaba segura de que esa medicina curaría a su cachorro. Entonces fue hasta las orillas del lago y pensaba y, y pensaba... Un cocodrilo muy conocido por su tamaño, seguramente seria el líder de los cocodrilos, vio a la cebra preocupada, se asomó la orilla y le preguntó:

— "¿Qué te ocurre cebra?"

Ella le relató lo que acontecía y el cocodrilo al no poder tomar una fruta, por lo alto que estaba, la invitó a subirse a su espalda, y se comprometió a cuidarla mientras la cruzaba por el pantano. La cebra dudó pero no tenía otra opción si quería salvar a su hijo y accedió. Cruzaron sin problemas y la cebra muy contenta agarró varias frutas, estaba muy agradecida y pensaba «después de todos los cocodrilos no son tan malos».

Cuando estaban regresando, la escena era observada por otro cocodrilo que lleno de ira avisó a los demás y justo cuando faltaban dos metros para que la cebra llegase, fue atacada y devorada. El cocodrilo grande se enojó mucho, pero nada pudo hacer ya que eran muchos los que cuestionaron su actitud.

Al enterarse las cebras, fueron a reprocharles a los cocodrilos y hasta se desató una brutal pelea, por suerte no hubo víctimas, pero el ambiente quedó muy alborotado.

Los años pasaron, el hijo de la fallecida cebra ya era un adulto, era un ejemplar muy veloz, muy robusto y siempre provocaba a los cocodrilos. Tenía sed de venganza y no quería ni ver al cocodrilo grande, pues no había creído nada eso del ataque. Para él, su madre simplemente fue engañada . Creció esperando el momento de vengar a su madre.

Hasta que cierto día, en ocasión de una epidemia, muchos de la manada enfermaron y corrían riesgo de extinguirse, cuando vio aparecer a un pequeño cocodrilo con muchas
Frutas cargadas en su lomo.
No podía salir de su asombro cuando el pequeño le entregó la carga y le dijo:

—"Nuestro anciano líder me pidió que te entregara esto y te dijera que por su culpa tu madre sufrió la traición de la manada cuando él trataba de ayudarla. Que esta es su oportunidad de resarcir su error. Que el rencor no conduce a nada y que muchas veces las cosas que suceden simplemente son acontecimientos de la vida, lastiman pero nos dan la oportunidad de aprender algo y mejorar. Y que todo es cíclico y a la larga con los años entendemos porque suceden las cosas."

Fue así como la paz volvió al lago, el hijo de la cebra olvidó su rencor y sanó su corazón y el líder de los cocodrilos resarció a su manada y todos aprendieron a convivir.

 

FIN

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