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El árbol mágico

Enviado por lau

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El árbol mágico


Hacía un sol espléndido aquel día en que Mario, un niño muy simpático y alegre, iba caminando hacia la escuela

. Los papás de Mario no tenían mucho dinero y por eso Mario no tenía muchos juguetes para jugar porque todo el dinero que ganaban sus padres era para comprar comida y ropa, pero aún así Mario era feliz.

Ese día soleado de camino hacia el cole vio un mendigo, que parecía triste y temblaba mucho.

-¡Pobre señor! Ni siquiera tiene comida como yo. Debe de tener mucha hambre- pensó- ¡Ya sé! Le daré mi bocadillo de la merienda.

Y eso hizo.

El mendigo se puso muy contento y aceptó el regalo del chico.

Mientras comía aquel delicioso bocadillo de jamón le dijo a Mario:

-Eres un niño muy bueno. En agradecimiento te voy a regalar una cosa muy especial.-

El mendigo se agachó y sacó algo del saco en el que guardaba sus cosas, una pequeña bolsita que entregó al niño.

-Dentro de este saquito hay una semilla mágica -le explicó el mendigo- Cuando llegues a casa debes plantarla, cuidarla y regarla todas las noches de luna llena. Cuando florezca tendrás una sorpresa muy especial.

Después de contarle esto, el mendigo continuó su camino.

A la salida del cole, Mario se dirigió a su casa, aún pensativo por lo que le había dicho aquel hombre. Así que después de hacer los deberes, no se lo pensó dos veces y plantó aquella semilla especial. ¿Qué sería? ¿Una flor? ¿Un cactus? ¿Una lechuga? Tendría que esperar…

La primera noche de luna llena, Mario regó la semilla como le había indicado el mendigo y se fue a la cama. Allí, mientras se quedaba dormido pensaba de nuevo en su planta y cuanto tardaría en verle sus primeras hojas.

Por la mañana, Mario saltó de la cama y antes incluso de desayunar fue a ver su planta. Al llegar tuvo la primera sorpresa: Por increíble que pareciera la plantita ya había brotado. En tan sólo una noche ya tenía sus primeras hojitas verdes.

Aquel día Mario volvió a la escuela. Pero no podía dejar de pensar en su planta. ¿De qué tamaño estará mañana?

Aquella noche, mientras cerraba los ojos en la cama seguía pensando en su planta, pero en su sueño también se coló un coche de juguete rojo precioso que había visto a otro niño en el parque aquella tarde. Soñaba con que su madre se lo compraba y era feliz jugando con él. Pero de repente se despertó. Ya era de día. Y Mario, como la mañana anterior, fue a ver cómo estaba su planta.

Cuando llegó no se lo podía creer.

-¡Es un árbol mágico!- gritó sorprendido.

La planta se había convertido en un árbol y en sus ramas habían brotado coches rojos de juguete iguales al de su sueño. Mario los cogió como si de manzanas se tratase y los guardó en su habitación, para jugar a la salida del colegio.

Ese día en el cole no podía dejar de pensar de nuevo en su planta y en lo que le esperaría al día siguiente.

Por la noche, nuestro amiguito, soñó con una pelota de fútbol. Soñaba que jugaba con su equipo preferido, que chutaba y metía un montón de goles con ella.

Ya de mañana Mario corrió hacia la planta y ¿sabéis que había en sus ramas? ¡Sí! Miles de pelotas de fútbol igualitas a las de su sueño.

Pero pasó el tiempo y Mario se dio cuenta de que de nada le servían tantos y tantos juguetes guardados si sólo podía jugar él con ellos. Así que pensó en el mendigo que le regaló la semilla mágica y se le ocurrió una idea: Le regalaría todos los juguetes del árbol mágico a los niños pobres.

Y eso hizo.

Cada vez que soñaba con algo y brotaba después en el árbol, Mario lo recogía y lo llevaba a aquellos niños que tanta ilusión les hacía. Y fue cómo se dio cuenta de que era más feliz viendo la cara de alegría de los otros niños recibiendo los regalos que guardando todos los juguetes para él solo.

 

Moraleja: No existe recompensa para quien ayuda, poder ayudar es la recompensa.

FIN

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