En Loreto, provincia de Orellana (Ecuador), el llanto de una nueva vida rompe el silencio. Unas manos llenas de sabiduría ancestral son el primer contacto que tiene el recién nacido con el mundo. Pertenecen a la partera (maternidad) de la “Casa del Parto Intercultural”.
Estas mujeres practican la profesión que les viene de herencia. Las mujeres indígenas y mestizas que llegan al hospital tradicional son atendidas por una matrona, una ostetriz, el médico y el esposo con el fín de que se sientan como en casa.
Desde hace ocho años el parto intercultural se practica con éxito, por lo tanto, el Ministerio de Salud Pública lo está abordando como un eje transversal importante para este tipo de poblaciones indígenas.
Una vez que el bebé nace es atendido por un equipo profesional y a la madre se le da una porción de agua de guayusa (guayusa: planta de la Amazonia Ecuatorial cuyas hojas tienen la más alta concentración de cafeína de todas las plantas conocidas) para bajar tensiones y nervios. Se trata de interactuar con las dos medicinas: la de la partera antigua y ancestral y la de la medicina moderna