El obstetra corta rápidamente la primera membrana y luego la segunda. Las cesáreas siempre se hacen rápidamente para reducir el riesgo de complicaciones. Mete su mano dentro del útero y saca el primer bebé; el niño aspira su primer aliento y emite un llanto robusto.
El cordón umbilical, su línea de vida durante las últimas 35 semanas, finalmente es cortado. Trabajando animosamente, el cirujano busca el segundo gemelo. Con el primer hermano fuera del camino sale deprisa, también con la cabeza por delante.
Tras el parto, no siempre es obvio para el obstetra si los gemelos son idénticos o fraternos. Estos gemelos comparten una sola placenta, la más clara señal de que son idénticos. Si los gemelos idénticos tienen placentas separadas, un análisis de ADN es el único método seguro para identificarlos.
Después de un extraordinario viaje, nuestras dos maravillas de la reproducción llegan a salvo al mundo. Puede que parezcan iguales, pero ahora sabemos que hay algo diferente: hace 245 días un óvulo fecundado se dividió y creó dos embriones. De ese momento en adelante sus pasos empezaron a divergir.
Las diferencias en nutrición o espacio, diferentes exposiciones a hormonas, pequeñas alteraciones en su perfil epigenético, aun pequeñas diferencias en el gen subyacente. Todo se combina para crear diferencias sutiles pero muy significativas.
Ahora los gemelos están a punto de embarcarse en su siguiente etapa de la vida. A medida que crecen las diferencias entre ellos van a incrementarse aun más. Estas diferencias nos acercan aun más a las respuestas sobre las preguntas más profundas de la humanidad y arrojan una nueva luz sobre la genética, medio ambiente, naturaleza y crianza.