Leer, escribir, ver la televisión… todo esto lo hacemos de cerca y los niños son los grandes perdedores. Su ojo aun no maduro se adapta y empieza a sufrir las consecuencias.
Uno de cada cuatro niños sufre miopía, hipermetropía o estrabismo; detectarlo a tiempo puede salvarle de que en su rendimiento escolar se vea afectado. “Siempre hay que recomendarle que acuda al oftalmólogo para que se le realice una refracción con citoplégico, es decir, dilatando pupilas y parando acomodación, que nosotros todavía no lo podemos hacer y entonces con eso se detectan más cosas. A partir de esa detección nosotros podemos hacer ya varias revisiones habituales”.
Los ópticos optometristas recomiendan estar alerta ante posibles síntomas: “dolores de cabeza, el niño se frota mucho los ojos, se acerca mucho, se colocan en posiciones extrañas… y entonces el padre ahí sí puede estar atento y puede comprobar si el niño tiene algún problema. A veces incluso es tan fácil como que un niño no quiere leer porque dice que se cansa y se aburre, puede ser porque realmente no ve lo que tendría que estar leyendo”.
Las revisiones visuales en niños y adolescentes deben hacerse, al menos, una vez al año porque la vista es nuestro sentido más preciado y no puede esperar.