Hoy hablaremos de la nutrición en el embarazo, el primer paso que garantiza a nuestros hijos un futuro saludable.
Al momento de conocer la novedad sobre el embarazo, la primera consulta que suelen realizar las parejas es si la mujer debe empezar una dieta especial. En realidad, más que una dieta especial lo importante es mantener una dieta bien balanceada que incluya los diferentes grupos de alimentos.
Lo primero que nosotros tenemos que hacer cuando vemos una embarazada, aparte de pedirle los análisis correspondientes, es hacer lo que se llama valoración nutricional. ¿Qué quiere decir esto? Que tenemos que pesarla, medirla y saber con cuanto peso comenzó el embarazo.
El embarazo constituye una de las etapas de mayor vulnerabilidad nutricional en la vida de una mujer, ya que la desnutrición materna pregestional o durante el embarazo se asocia a un mayor riesgo de morbimortalidad infantil.
La paciente con bajo peso tiene riesgo de tener a la vez un chico con bajo peso, con un retardo de crecimiento que va a tener después connotaciones para la vida adulta.
En contra partida, la obesidad también constituye un factor importante de riesgo, al aumentar algunas patologías del embarazo.
Una paciente con sobrepeso puede llegar a tener, con más frecuencia, diabetes, chicos más grandes, problemas con la progresión del parto, mayor índice de cesárea, complicaciones a posteriori con ese recién nacido.
Una de las condiciones fundamentales para mantener una dieta bien balanceada es no comer demasiado de cada uno de los grupos de alimentos, ya que se necesita variedad para obtener adecuados suplementos de proteínas esenciales, minerales y vitaminas.
No existen alimentos prohibidos en la dieta, la mujer tiene que incorporar una cantidad de lácteos, que luego vamos a ver, líquidos, frutas, carnes, pescado, pollo, verduras crudas y cocidas, pan, seis a ocho vasos de agua en el día, no excederse con el azúcar, incorporar pastas, legumbres, pero combinado y hacer una dieta armónica y variada.
El vínculo entre lo que la embarazada consume y la salud del bebé es mucho más fuerte de lo que antes se pensaba. Por eso, además de una adecuada alimentación, es imprescindible abandonar cualquier hábito relacionado con el alcohol y el tabaco, disminuir el consumo de café y evitar en lo más posible el té.
Piense que el bienestar de su futuro hijo depende en gran medida de ello.
Recuerde que la alimentación en el embarazo debe ser variada y regular. Tres comidas diarias, y varias meriendas livianas, ayudarán a mantener el suministro de glucosa óptimo para su bebé.