Cuando nació mi bebé no tenía mucho dinero y me tuvieron que dejar el cochecito. El que me prestaron, tenía las asas gastadas y amarillentas por lo que fui a una tienda de bicicletas y compré cinta de las que se usa para forrar los manillares. No veas como ha alegrado el cochecito... y además ¡ya no me sudan las manos!
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