“Qué nueve meses tan hermosos, aunque agotadores y no exentos de dificultades. La verdad es que todos se han portado muy bien conmigo, me han colmado de atenciones y me he sentido tan a gusto... Aunque el parto me daba un poco de miedo, ha salido fenomenal. ¡Por fin estamos en casa! Nos hemos sentado unos minutos para descansar después de tanto ajetreo. ¡Qué felicidad!, ¿Felicidad? Espera... ¿Por qué me siento tan triste de repente? Si estoy con mi pareja y mi bebé, en nuestra casa, donde más deseaba...
Ahora el bebé se pone a llorar desconsoladamente ¿qué hago?, ¿estará mal? Estoy tan cansada, no me había dado cuenta, y el bebé continúa llorando. ¿Por qué sigo triste?”
Tras nueve meses viviendo en la ilusión de estar formando y dando vida a un nuevo ser, siendo el centro de atención y cuidados, mostrando con orgullo una tripita encantadora... de repente, algo cambia. La ilusión, seguridad y alegría se convierten, como por arte de magia, en un fugaz recuerdo...
¿Por qué me siento tan triste?
Tras el parto, casi el 80% de las nuevas mamás atraviesa una fase donde el cansancio, unido a la nueva responsabilidad, el miedo y una sensación de tristeza, generan un grado de estrés elevado que puede menoscabar la ya de por sí debilitada resistencia física y psicológica de la recién estrenada mamá. Se trata de un estado depresivo transitorio, conocido también como “Baby blues” o “Maternity blues”, que puede prolongarse varias semanas. Es un periodo que responde a la necesidad de adaptarse a todos los cambios que, junto con el bebé, han irrumpido con fuerza en tu vida, amenazando con desbordarla.
Algunos síntomas...
Ahora bien, si esas sensaciones se prolongan, si las ganas de llorar ocupan gran parte del tiempo, el dormir comienza a ser una utopía o, por el contrario, se tiene más sueño que nunca, el apetito ya no es el de antes (por exceso o por defecto), si aparecen sentimientos de inutilidad y culpa, preocupación, irritabilidad, falta de confianza en las habilidades para hacerse cargo del bebé, entonces sí estaremos hablando de una verdadera depresión postparto. Toda esta sintomatología se manifiesta con una intensidad que interfiere de forma significativa en el día a día, impidiendo que se pueda rendir como necesita el bebé. Se origina así un círculo vicioso difícil de romper por una misma.
No hay que preocuparse
Lo más importante es no sentirse avergonzada al ver que la maternidad ha afectado de esta manera y tomar conciencia de que, aún tratándose de un estado normal, puede haber crecido lo suficiente como para solicitar ayuda profesional. Es importante recabar apoyo, consejos y toda la información necesaria, para que esta actuación, permita que la crisis cumpla su verdadero papel: hacer madres más fuertes, maduras y preparadas. Además, conocer la raíz del problema proporcionará alivio y cierto grado de descanso.
La maternidad proporciona sentimientos, emociones y experiencias muy intensas y gratificantes pero, también exige un esfuerzo de adaptación, una disposición y ánimo para afrontar la nueva situación de manera positiva y saludable. No sólo por parte de los nuevos padres, también de la familia.
Aquí tienes unas sugerencias para sobrellevar mejor este periodo. Si a pesar de esto la sensación de tristeza se prolonga, no dudes en acudir a un especialista.
CONSEJOS PARA LA MADRE...
... Y PARA EL PADRE
PARA AMBOS
Fuente: Juan Pedro Valencia. Psicólogo. Especializado en ansiedad, miedos, problemas de conducta, Escuela de Padres, desarrollo infantil y modificación de conducta.