Algunos años después del hallazgo, en la década de 1990, los científicos de Tempur desarrollaron un sistema productivo de gran capacidad que permitió adaptar el excepcional confort del material a las necesidades hospitalarias y a las de los consumidores en general. En la actualidad, dos fábricas –una en Dinamarca y otra en EE.UU.– suministran productos Tempur (colchones, almohadas, mesas de quirófano, materiales clínicos específicos, soportes lumbares, cojines, butacas, plantillas para el calzado, asientos para vehículos...) a los más de 50 países en los que tiene presencia. La facturación de la compañía supera los 360 millones de euros (60.000 millones de pesetas) y su plantilla, contando con las dos factorías, está cerca de los 1.200 empleados.
Las condiciones del material Tempur se descubrieron idóneas para cubrir muchas de las necesidades de los hospitales. La primera de todas fue la prevención de escaras. Tempur, al mantener la circulación sanguínea y aliviar la presión, evita fácilmente la aparición de las dolorosas heridas en la piel que surgen con la inmovilidad. Un estudio clínico realizado en España en 2000 ratificó la eficacia del material incluso en pacientes de alto riesgo obligados a guardar reposo absoluto.
El salto al mercado masivo fue, tras la entusiasta acogida de los profesionales sanitarios, un éxito, ya que las aplicaciones terapéuticas de Tempur suponen una garantía de descanso difícil de rechazar. Además, la línea de innovación de la compañía está continuamente introduciéndose en nuevos mercados donde implantar su tecnología y lanzando nuevos productos. Hoy ya está presente en los sectores del descanso en general, sanidad, automóviles, aeronáutica, gimnasia, calzado, mobiliario...
Tanto en niños como en adultos, el colchón Tempur se moldea al cuerpo, proporciona sensación de ingravidez y aporta a los músculos del