Del latín Augustus, consagrado por los augures. San Augusto era paralítico de nacimiento y se desplazaba arrastras sobre sus codos y rodillas. Esto provocaba compassión entre la gente, recibiendo así abundantes limosnas, Y tantas recibió, que pudo construir una ermita en honor de San Martín, muy cerca de la localidad de Brives en Francia. Femenino: Augusta.