Erika deriva de una antigua voz del alto alemán ewa-, "eternidad", y de rich, "jefe, príncipe". Su traducción más adecuada es "el príncipe eterno", "el que gobierna permanentemente". San Eriko IX, rey de Suecia y Dinamarca, emprendió en el siglo IX una cruzada contra los fineses. No existe una coincidencia semántica ni etimológica entre Enrique y Erico, a pesar de ser confundido por una variante del nombre.