El sueño en los niños y adolescentes es un proceso complejo en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. Además, influyen elementos de vulnerabilidad en la vida cotidiana: estimulación luminosa artificial, obstáculos para el contacto y apego con los padres, y horarios sociales, principalmente escolares, que entran en colisión con sus necesidades biológicas.
Por tanto, “los problemas de sueño no son solo un problema del ámbito familiar y médico, sino que también tiene una influencia importantísima el contexto social en el que viven los niños y adolescentes”, aclara el Dr. Gonzalo Pin, coordinador del Grupo de Trastorno del Sueño de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). Además, “los problemas de sueño son muy frecuentes y llegan a ser un motivo de preocupación importante para los niños, los adolescentes y sus familias”, apunta el Dr. Ramón Ugarte, coordinador del Grupo de Trastorno del Sueño de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).
El problema principal de los trastornos del sueño es que no afectan exclusivamente al periodo nocturno de los niños y adolescentes, ya que sus efectos se manifiestan también durante el día, pudiendo generar en muchos casos alteraciones en el comportamiento (déficit de atención, irritabilidad), aprendizaje (fracaso escolar), riesgo de accidentes y efectos negativos sobre el crecimiento y desarrollo (obesidad y fallo de medro). Además, en el caso de los trastornos del sueño en niños pequeños, “pueden ocasionar problemas en la vida familiar con repercusiones en la salud de los padres, especialmente en la madre (depresión)”, especifica el Dr. Pin. De manera general, en niños menores de 5 años, se estima que aproximadamente un 30% presentan problemas y/o alteraciones del sueño de diverso orden.
Una revisión de diferentes estudios muestra que entre el 13 y el 27% de los padres de niños de entre 4 a 12 años de edad, denuncian la presencia de dificultades con el sueño: resistencia a acostarse, ansiedad en el momento de acostarse, inicio de sueño retrasado, colecho de respuesta a las demandas de los niños, ronquido, enuresis, despertares nocturnos, pesadillas, terrores del sueño, sonambulismo, despertar matinal precoz y excesiva somnolencia diurna.
Estos problemas suelen ser estables a lo largo de la infancia, de manera que, un niño con dificultades del sueño a los 8 meses, probablemente continuará mostrando dificultades con el sueño hasta los 3 años de edad, y aquellos con problemas a los 2 años continuarán teniendo dificultades con el sueño hasta los 12 años de edad.
En la encuesta realizada, menos del 50% de los niños de 6 a 12 meses de edad se dormían de manera autónoma; el 18,6% de los menores de 6 años presentaban despertares por noche al menos 3 noches por semana; y un 11,3% presentaban una latencia de sueño mayor de 30 minutos. En esta misma encuesta, el 52,8 % de los adolescentes valencianos de 14-15 años de edad, acudían a clase habiendo dormido menos de 8 horas; y de ellos, un 17% mostraban síntomas de excesiva somnolencia diurna. E.P.