El mejor método para averiguar si un bebé tiene fiebre o no es mediante un termómetro; tocar la piel directamente puede indicarnos si está frío o caliente, pero no permite la medición.
Básicamente, hay tres tipos de termómetros, timpánico (de oído), digital y de cristal. El primero no es muy recomendable para un recién nacido porque requiere una colocación cuidadosa para conseguir una lectura adecuada. Actualmente, los termómetros digitales son los más cómodos ya que solo con ponerlos unos segundos sobre la frente miden la temperatura exacta del bebé.
Si se usa un termómetro de mercurio, el mejor sitio para colocarlo es en el ano, ya que la temperatura rectal es muy precisa en los recién nacidos. Los termómetros de cristal rectal y oral tienen diferentes formas; no sustituyas uno por otro.
Antes de proceder a medir la temperatura, desinfecta el termómetro con alcohol o una solución antiséptica. Asegúrate de que la temperatura está por debajo de 35,5 ºC y lubrica la bola del termómetro con un lubricante soluble de agua o vaselina. Coloca al bebé boca abajo, separa sus nalgas con los dedos pulgar e índice y, con la otra mano, introduce suavemente el extremo lubricado. Mantenlo durante un minuto más o menos. Lee la temperatura y límpialo bien para su siguiente uso.