¿Qué significan los garabatos de los niños?
Considerados para muchos durante siglos como una expresión amorfa de la realidad, los primeros garabatos que los niños pintan son en realidad una manifestación de su inteligencia, de su desarrollo, de la imagen de su Yo interior…
“Pocas actividades evolutivas pueden mostrar mejor la naturaleza humana que el crecimiento de los niños pequeños en el arte visual”. Elliot W. Eisner (profesor de Arte en la Universidad de Stanford)
¿Los dibujos de los niños son arte?
Algunos importantes psicólogos de la primera mitad del siglo XX que se interesaron por el dibujo de los niños lo hicieron desde el punto de vista semiótico y trataron de demostrar que el dibujo infantil es, como el lenguaje hablado o escrito, un lenguaje proposicional más. En consecuencia estos estudios iniciaron sus investigaciones a partir de los 5-6 años, cuando el niño se encuentra ya en plena etapa figurativa, relegando al olvido las primeras etapas que consideraron transitorias y amorfas y en las que, para ellos, el niño no hace otra cosa que transgredir las normas de esos lenguajes proposicionales.
Así pensaba, por ejemplo, Vigotsky, quien en su libro La imaginación y el arte en la infancia (1930) escribía: “Si dejamos aparte el periodo de los palotes, garabatos y expresión amorfa de elementos aislados, y empezamos directamente por la etapa en que el niño empieza a dibujar en el pleno sentido de la palabra…”. O M. Montessori en 1918: “Esos horribles pintorrejeos no son sino monstruosas expresiones del desorden intelectual, solo demuestran que el ojo de esos niños carece de educación, la mano es inerte y la mente insensible por igual a lo hermoso y a lo feo, ciega ante lo verdadero así como ante lo falso (…) no revelan el alma sino los errores del alma”.
Sin embargo, Antonio Machón, reputado galerista y profesor, no está de acuerdo con estas tesis. Para él, el desdén por estas primeras manifestaciones gráficas infantiles supone, nada menos, que la desatención y el olvido de las dos primeras formas de conocimiento del niño: la sensorio-motriz y la simbólica que, como en el resto de las actividades comportamentales, se ponen de manifiesto en el dibujo en los dos primeros periodos del desarrollo gráfico: el Garabateo y el de la Forma, que tienen lugar en los primeros 4 años de vida y que se dan en los individuos de todas las culturales.
Sin embargo, las formas siguientes de dibujo, las que corresponden al dibujo figurativo al que prestaron atención estos estudiosos, forman ya parte de los llamados sistemas simbólicos rotacionales y de los conocimientos ligados a marcos culturales específicos; es un dibujo menos libre, sujeto a las imposiciones de los padres y educadores (por ejemplo, la típica casita con chimenea que todos los niños pintan aunque no hayan visto una así en su vida).
Para dar a conocer estas ideas, Machón ha escrito el libro Los dibujos de los niños, resultado de muchos años de observación directa y de amplios estudios de campo, estudios que le han permitido reunir más de 30.000 dibujos de niños de 1 a 10 años con los que ha realizado amplios informes estadísticos.
“Ver dibujar a un niño pequeño es para mí una experiencia apasionante. Pues así como en el arte adulto son los productos de sus creaciones, es decir, las obras, las que a través de su contemplación satisfacen nuestras necesidades espirituales, estimulan nuestra imaginación y nos proporcionan nuevas claves de placer y conocimiento, en el caso de los niños, más aún que sus pinturas y dibujos, es el propio niño en acción lo que nos fascina; su actitud ante la hoja blanca, el interés, el rigor y la seriedad que pone de manifiesto en su proceso creador.
Ver dibujar a un niño es ver su pensamiento en acción, asistir al nacimiento de su inteligencia y de su personalidad. Ver cómo a lo largo de dos años de garabateo surge ese orden gráfico y espacial, conquista que le lleva a descubrir, a los 3 años, los valores formales de sus trazados, condición sine qua non para que tenga lugar el inicio de la simbolización gráfica, la manifestación más genuina de la inteligencia.
La hoja blanca representa el mundo que lo envuelve y sus trazados sobre ella, su dibujo, la imagen del Yo reflejada en ese medio. La forma cerrada circular, el círculo, conquista fundamental de todo este proceso, se convierte en la forma primordial del dibujo infantil que viene a alumbrar, desde el plano de la experiencia gráfica, la oscuridad de la conciencia personal.
Mientras que el niño, por su propia naturaleza, se ve empujado a la búsqueda de su identidad y a su ajuste con la realidad que le rodea, el adulto se esfuerza por escapar de ella, por justificar y dar una explicación a ese “destino ciego”, el problema último de su existencia.
El niño no es, en absoluto, un artista, lo que no quiere decir que sus creaciones estén desprovistas de expresividad y belleza. El niño es, ante todo, un niño”.