Tartamudez en la infancia

Tartamudez en la infancia
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Es habitual que los niños pequeños, entre 2 y 5 años, no tengan una fluidez total en el habla hasta que aprenden a organizar las palabras y las frases. Sin embargo, hay que ser conscientes de que las disfluencias del niño pueden ser atípicas, por lo que es imprescindible diferenciarlas de las más corrientes para tratarlas lo antes posible

Dermatitis atópica, muy común en la infancia

Dermatitis atópica, muy común en la infancia

La prevalencia de la dermatitis atópica es mucho mayor en los niños que en los adultos, debido sobre todo a la naturaleza evolutiva de la misma, según la cual muchos niños con dermatitis atópica estarán libres de esta enfermedad pasados unos meses o años. Así, un 60% de casos aparece antes del año, y un 30% o más, entre los 12 meses y los 5 años de edad. Se calcula que la dermatitis atópica afecta en la actualidad al 20% de la población infantil de los países desarrollados.

¿Qué es la tartamudez?

La tartamudez es un trastorno funcional de la fluidez del habla, que se manifiesta en el diálogo, es decir, en la comunicación verbal. No es una enfermedad, sino un trastorno producido por diversas causas en las que intervienen: factores genéticos, biológicos y psicológicos. Aprender a expresarse no es una tarea fácil para algunos niños. La mayoría adquiere esta habilidad casi sin que los padres se den cuenta, por la facilidad con que se desarrolla; sin embargo, en determinados casos existen problemas, mostrando el niño esfuerzo al hablar.

Es normal que los niños pequeños, de entre 2 y 5 años, no tengan una fluidez total hasta que aprenden a organizar las palabras y las frases, por lo que es fácil escuchar a los pequeños vacilar, reformular las oraciones, repetir palabras o titubear al hablar; sin embargo, estas disfluencias pueden ser también preocupantes, convirtiéndose en signos de alarma. Por ello, es importante saber diferenciar entre los errores comunes y los anormales para actuar de la forma correcta.


Disfluencias normales o típicas

Estos errores en el habla suelen ser comunes y aparecer en el desarrollo del lenguaje del niño, sobre todo cuando está nervioso, alterado, cansado o cuando quiere decir algo demasiado largo y complicado para él. Entre ellos se encuentran los siguientes:

• Vacilaciones: “Pues... pues eso es de papá”.

• Reformulación de las oraciones: “¿Voy a...esto...me quedo con papá?”.

• Una o dos repeticiones de toda la palabra o la frase: “Mamá, mamá ven” o “para bañarme, para bañarme”.

• Silencios entre las palabras: “Éste es...mi amigo Javi”.

• Interjecciones: “Um, um, yo…quiero ir a casa”.

• Muletillas: “Es un juego,...bueno una cosa,...bueno, es un juguete”.


Disfluencias anormales o atípicas

Otras faltas de fluidez, aunque similares a las anteriores, pueden ser preocupantes e indicar tartamudeo, entre las que destacan:

• Repeticiones de sonidos: “P…p…p…p…papá” o “s…s…s…s…sí quiero”.

• Repeticiones de sílabas: “Pa…pa…pa…pajarito” o “mi…mi…mi…mío”.

• Más de dos repeticiones de palabras cortas: “Pero… pero… pero… pero dámelo”.

• Alargar un sonido durante varios segundos: “Eeeeeeese niño” o “ddddddímelo otra vez”.

• Bloqueo o interrupción del flujo de aire (“atasco”).

• Silencios tensos entre las palabras: “¿Por qué... (silencio, mientras mantiene la boca abierta) se llama Pablo?”.

• Palabras partidas: “Vamos to…dos a casa” o “tele…visión”.

• Tensión mientras se habla, esfuerzos por hacer salir las palabras.

• Movimientos asociados al habla en la cara o el cuerpo, de esfuerzo y tensión: cerrar los ojos, hacer muecas, mover el cuello o las manos para ayudarse cuando se está bloqueando…

¿Qué hacer?

La detección temprana de la tartamudez es vital para el futuro del niño, por lo que es muy importante realizar una consulta preventiva con un terapeuta del lenguaje especializado y no esperar, ya que cuanto más cerca del inicio del síntoma se intervenga, mejor será el resultado. Actualmente existen determinados métodos de diagnóstico modernos que permiten diferenciar los errores normales de la fluidez de las expresiones indicadoras del inicio de una tartamudez; estableciendo distintos tipos de tratamiento y de intervención, que pueden ser directamente con el niño (intervención directa) o a través de sus padres (intervención indirecta), forma que se suele utilizar en los más pequeños.


Método Lidcombe

La Fundación Española de la Tartamudez ha puesto en marcha el método Lidcombe en España, desarrollado por un equipo de investigación dirigido por el profesor Mark Onslow, compuesto por investigadores de la Facultad de Ciencias de la Salud, de la Universidad de Sydney y los clínicos de la Unidad de Tartamudez, de Bankstown Servicio de Salud. Este programa está centrado en el tratamiento temprano de la tartamudez y es utilizado por el 80% de los logopedas australianos.

Los estudios realizados hasta el momento revelan que el 5% de los niños empiezan con esta disfunción entre los 2 y los 6 años, etapa en la que se desarrolla el aprendizaje del lenguaje, porcentaje del cual el 80% de los casos puede llegar a remitir. La novedad que aporta este método es que se trata de un programa en el que los padres ayudan al niño en su entorno cotidiano y familiar, siempre en un ambiente de juego, sin agobios y sin cargarle la responsabilidad de hablar diferente. El papel del logopeda se centra en enseñar a los padres a llevar a cabo el tratamiento, sin interferir en el día a día del niño, y teniendo en cuenta que cada niño y cada familia es diferente.

Los padres aprenden a realizar el tratamiento durante las visitas semanales a un profesional del lenguaje, donde éste los entrena mediante la demostración de diversas herramientas que se utilizarán en el tratamiento y se les brinda información acerca de la forma en que se pueden medir los resultados (donde 10 es “muy grave”, y 0 es “no tartamudeo”), medición que se utilizará para:

• Verificar que el tartamudeo del niño está mejorando y, de lo contrario, realizar los ajustes necesarios para el caso de que no haya señales de mejora.

• Determinar con precisión cuándo el niño ha cumplido los criterios para la recuperación del habla.

• Comprobar que el discurso del niño sigue cumpliendo los criterios a largo plazo.

El método Lidcombe se lleva a cabo en dos etapas. En la primera, los padres desarrollan el tratamiento de forma diaria y asisten, junto al niño, a la clínica una vez a la semana, continuando así hasta que el tartamudeo desaparece o llega a un nivel muy bajo. La segunda fase del programa consiste en el mantenimiento de la falta o del bajo nivel de las disfluencias durante, al menos, un año.

Aunque las investigaciones han demostrado que el número medio de visitas semanales a la clínica para llegar a la segunda etapa del programa, para niños en edad preescolar, es de once aproximadamente, el tiempo que tardan los pequeños en completar este método depende del niño y de sus circunstancias personales. 
 

Fuente: Fundación Española de la Tartamudez (www.ttm-espana.com).

Redacción: Silvia Paredes

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