La falta de tiempo de los padres trabajadores ha provocado muchos cambios en los hábitos de las familias. Especialmente en lo que se refiere a la alimentación de los niños. Esta escasez de horas para pasarlas entre fogones, ha originado que en las familias se abuse de los platos precocinados, de las comidas industriales y del “fast food”.
Además son muchos los padres que en compensación por el escaso tiempo que pasan con sus hijos adoptan una postura muy flexible en lo que a educación alimentaria se refiere, delegando prácticamente la totalidad de la responsabilidad en los comedores escolares. Así al llegar a casa después de una larga jornada de trabajo se permite a los niños elegir sus propios menús e imponer sus preferencias a la hora de cenar, con el fin de evitar conflictos durante el poco tiempo que se comparte con ellos.
El riesgo de perder la presencia de una figura que organice los menús familiares en función de las necesidades de cada miembro según la edad, que vele en casa por una alimentación sana, variada y equilibrada, puede acarrear inevitablemente problemas tan conocidos en nuestra sociedad como la obesidad infantil u otros desórdenes alimenticios muy graves para los menores.
Por ello, para evitar este tipo de trastornos relacionados directamente con la alimentación y por desgracia tan frecuentes en la actualidad, es necesario que las familias, padres o madres, retomen el papel de educadores en esta materia, un rol que antes de la incorporación de la mujer al mundo laboral, desempeñaba exclusivamente la figura materna. Y es que son varios estudios que han demostrado que los niños que comen menús elaborados por sus madres, están mejor alimentados y son más sanos que aquellos que lo hacen fuera del entorno del hogar.
Consejos para una alimentación sana y equilibrada en casa:
§ Optar siempre por la comida cocinada en casa con productos naturales y preferiblemente de temporada.
§ Solo los padres y no los hijos deben decidir sobre la alimentación de la familia.
§ Se les puede dar a los niños a elegir, para que se sientan involucrados en las decisiones familiares, pero solo entre dos o tres opciones que consideremos correctas. (“¿Qué prefieres para cenar? ¿Tortilla o pollo?” o “¿Qué quieres de postre? ¿plátano o yogur?”. Nunca preguntarle abiertamente “¿Qué quieres para cenar?”, si no quieres que la tarta de galletas y los gusanitos sea su primera elección.)
§ No ceder a las presiones de los niños por temor a que no coman.
§ Si no tienes mucho tiempo para dedicarlo a la cocina, dedica un festivo a hacer varios platos y congélalos.
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