Aunque en nuestro país todavía hay pocas parejas interraciales (a pesar de que la población inmigrante ha aumentado considerablemente en los últimos años), en otros países como Estados Unidos -donde estas uniones son muy habituales- son comunes los estudios sobre si el hecho de que el padre y la madre sean de diferentes orígenes étnicos puede influir en el embarazo, o si unas razas son más propensas que otras a contraer determinadas enfermedades gestacionales. Pero, ¿cuánta verdad hay en esta afirmación?
Matrimonios mixtos en España
Los matrimonios entre personas de distinta nacionalidad han aumentado en España en los últimos años un 172%, hasta alcanzar la cifra de 32.590 uniones en 2006, lo que supone el 15,4% del total de matrimonios celebrados en el país, según un estudio elaborado por el Instituto de Política Familiar. El trabajo concluye que, de seguir esta tendencia, en 2010 una de cada cinco bodas será “internacional”.
El estudio afirma además que tres de cada cuatro matrimonios entre extranjeros tienen algún cónyuge español (en total, en 2006 se celebraron 22.294 uniones con esta particularidad). Esto supone el 14,2% de los matrimonios en España, una tendencia al alza, puesto que en el año 2002 sólo se producían la mitad de uniones mixtas, el 8,5% del total. Se sigue percibiendo una mayor proporción de hombres extranjeros, mayoritariamente latinos, casados con mujeres españolas (un 61%).
Esta tendencia se refleja en los neonatos: el 17,6% de los nacidos en 2005 (el último año con los datos cerrados del Instituto Nacional de Estadística) tiene al menos uno de los progenitores extranjero. El porcentaje se ha multiplicado por cuatro desde 1996, y en seis comunidades autónomas —Baleares, Cataluña, Madrid, Murcia, La Rioja y Comunidad Valenciana— los recién nacidos con al menos un progenitor extranjero suponen más del 20%. Más representativo del grado de mestizaje es el siguiente dato: si bien el 17,6% de los nacidos en España en 2005 tiene al menos uno de los progenitores extranjero, el 11,51% fue de parejas mixtas, es decir, tiene un progenitor español y otro extranjero. En 1996 este mismo dato era tan sólo del 1,81%.
Este incremento ha hecho que también en España nos planteemos hasta qué punto la raza o el origen étnico de una persona puede afectar al embarazo.
¿Existen diferencias?
“No se puede hacer una distinción absoluta –explica María José Rodríguez, ginecóloga en el Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes (Madrid)- entre los embarazos de las mujeres inmigrantes y los de las españolas. No existe tampoco una patología que sea específica de aquéllas: los síntomas, las molestias, el desarrollo de los fetos, el tipo de parto… no se va a ver influenciado por la procedencia de la mujer. Pero sí es cierto que existen algunas diferencias”:
1- Son más frecuentes los embarazos no deseados y por lo mismo también más frecuentes las interrupciones voluntarias de los mismos. De hecho, casi la mitad de los abortos que se realizan en España son a mujeres inmigrantes. La explicación para ello es sencilla: desconocen la forma de acceder a los métodos anticonceptivos. Muchas de ellas traen un método prescrito en su país pero cuando terminan los comprimidos, o si portan un DIU éste caduca, no saben dónde acudir para seguir realizando una planificación. Posiblemente desconocen cómo acudir al médico de Atención Primaria o al Ginecólogo y el primer contacto con ellos va a ser cuando ya se ha producido el embarazo.
2- La tasa de fecundidad es por lo mismo más elevada entre las emigrantes que en las españolas. También se quedan embarazadas mucho más jóvenes y el tiempo que transcurre entre embarazos es menor.
3- Las mujeres que llevan más tiempo viviendo en el país realizan los mismos controles en el embarazo que las españolas, pero cuando apenas hablan el idioma o ignoran que gracias a la Ley de Extranjería pueden recibir asistencia sanitaria gratuita, tardan más en acudir a los controles o directamente lo hacen a los servicios de urgencias de los hospitales, en los que se realiza la captación de la mujer y se la deriva a las consultas. Sin embargo, dependiendo del momento en que esto se produzca, va a ser posible o no realizar determinadas pruebas que son específicas de unas semanas en concreto: ecografía del primer trimestre y medida del pliegue nucal, test O’Sullivan entre las semanas 24-28, etc.
4- No debemos olvidar la dificultad del idioma, especialmente entre las inmigrantes musulmanas (que en Madrid son el colectivo mayor) y chinas. Hay que señalar la solidaridad de sus compatriotas que muchas veces las acompañan para servir de intérpretes, pero cuando esto no es así es muy difícil explicar las pruebas, los consejos o los tratamientos. Algunos laboratorios farmacéuticos han hecho una buena labor elaborando materiales (consentimientos informados o preguntas más frecuentes) que han distribuido a los médicos para facilitar el entendimiento con estas pacientes.
5- Otro problema que hemos encontrado es que en algunos países, sobre todo de Sudamérica, las pacientes son sometidas a cesáreas electivas en cada uno de los embarazos y nos encontramos con mujeres con 2, 3 o incluso 4 cesáreas que de nuevo han quedado gestantes. En España se aconseja un máximo de 3 cesáreas, y si la mujer lo desea y autoriza, en la tercera se procede a ligar sus trompas, por lo que era excepcional superar ese número de cirugías. Las mujeres inmigrantes no desean un método definitivo y por eso están expuestas al riesgo de una nueva gestación y de la rotura de útero.
6- Entre la población musulmana es importante el mes del Ramadán, porque aunque la mujer embarazada está exenta de su cumplimiento, muchas lo llevan a cabo, lo cual les puede hacer rechazar cualquier medicamento, así como ciertas pruebas diagnósticas, exámenes ginecológicos, o a tomar alimento con la periodicidad que lo necesita el feto, lo que puede tener desafortunadas consecuencias.