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Cesárea programada, ¿Cómo prepararse?

Cesárea programada, ¿Cómo prepararse?

Cesárea programada, ¿Cómo prepararse?
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Ciertas complicaciones durante la gestación (la posición del feto, el tamaño de la pelvis, placenta previa, infecciones, etc.) hacen necesario planificar una cesárea en lugar de esperar al parto natural, y así evitar riesgos tanto para la madre como para el bebé. ¿Sabes cómo se realiza la intervención? ¿Cómo será la recuperación?

¿Por qué programar una cesárea?

Una cuarta parte de los nacimientos se realiza por cesárea y, en muchas ocasiones, ésta es programada, es decir, antes de que llegue el momento del parto, el equipo médico evalúa a la paciente y descubre en ella una serie de condiciones que hacen necesaria una cesárea ya que el alumbramiento natural implica riesgo para la madre, para el bebé o para ambos.

Las principales causas para elegir esta opción son:

·         Embarazos múltiples (de tres o más bebés), ya que se considera que el parto será demasiado complicado.

·         Si el tamaño del bebé es mayor al del hueso de la pelvis materna.

·         Si se da una infección genital (SIDA, virus del papiloma humano, etc.) que pueda contagiar al bebé al pasar por el canal vaginal.

·         Antecedente de cesárea de urgencia y persistencia del motivo que la provocó (placenta previa, desprendimiento prematuro de la misma, preeclampsia, etc.).

·         Si hay cicatrices uterinas por una operación quirúrgica previa.

·         Si la posición del feto es de nalgas –presentación podálica-, y no de cabeza como corresponde. Sería muy peligroso para el niño que salieran primero las piernas o el culito, ya que habría riesgo de que se ahogara. Las ecografías del último mes de embarazo permiten detectar esta complicación y por eso se puede programar la cesárea. Aunque hay circunstancias en que esta medida es una decisión de última hora porque el bebé ha cambiado de postura en el último momento.

·         Cuando hay deformaciones o cualquier anomalía en el cuello del útero, la vulva o en la vagina, que dificultan el paso del bebé hacia el exterior.

·         Si se da el caso de placenta previa, que es cuando la posición de la placenta está adelantada respecto al feto en el útero. El bebé podría quedarse sin oxígeno en el momento de salir.

·         Bajo peso al nacer: igual o inferior a 1,5 kg.

·         Sufrimiento fetal prenatal.

La decisión de practicar una cesárea sólo puede asumirla el obstetra que controla el embarazo. Éste valorará si es oportuna o si, por el contrario, es más beneficioso tanto para el niño como para la madre un parto natural. En ningún caso se aconseja programar una cesárea por otros motivos, como por miedo injustificado al parto vaginal o para saber la fecha exacta en que nacerá el bebé.

¿Cómo se realiza una cesárea?

En las cesáreas planificadas, la paciente ingresa el mismo día de la operación a las 8 de la mañana y debe seguir una dieta absoluta. Se confirman las diferentes pruebas (analítica del tercer trimestre extraída, ecografías, vitalidad fetal con ventana de RCTE…), así como que todos los consentimientos informados han sido cumplimentados. Después se prescribe a la madre antibioterapia profiláctica y se le administran medicamentos para evitar una tromboembolia.

Por lo general su pareja puede permanecer con ella durante toda la preparación para la operación y también durante la cesárea en sí misma, salvo que algo vaya mal durante la intervención.

A continuación se coloca un catéter en la vejiga, se higieniza la zona operatoria con antisépticos especiales y se cubre el cuerpo con telas especialmente esterilizadas, una de las cuales cubre y separa en forma de telón la zona frente a la cara para que sea imposible ver al equipo quirúrgico trabajando.

En la mayor parte de los partos por cesárea se usa anestesia epidural, por lo que la mujer está despierta durante el proceso. Aunque no se nota el dolor de la incisión, sí se puede sentir cierta presión y al médico operando.

Una vez que la anestesia ha actuado el cirujano realiza una incisión horizontal sobre la piel, justo por encima del hueso púbico. En la actualidad, y gracias al corte horizontal que se practica, la cicatriz es muy pequeña y apenas se verá, ya que queda tapada por el vello púbico. Los músculos abdominales no son cortados, pero se echan a un lado. Después de cortar cinco tejidos diferentes (piel, grasa subcutánea, aponeurosis muscular y peritoneo parietal), se alcanza la superficie del útero donde se realiza una incisión horizontal similar a la de la piel y se extrae al bebé a través de las incisiones, se corta el cordón y se entrega el niño a la comadrona.

Mientras él es revisado, el cirujano completa la extracción de la placenta y membranas ovulares, revisa que todo esté bien y comienza a suturar todas las capas de tejidos que han sido cortadas. Durante esta etapa de la operación es normal sentir náuseas e incluso vomitar.

Desde que se realiza la primera incisión hasta que el bebé ha nacido no pasan más de diez minutos. El proceso completo dura alrededor de una hora, ya que se puede llegar a tardar 45 minutos en suturar la herida.

¿Qué riesgos implica?

Las cesáreas se han vuelto procedimientos muy seguros. La tasa de complicaciones serias, como la muerte de la madre, es extremadamente baja. Sin embargo, sí es cierto que algunos riesgos son más altos después de una cesárea que después de un parto vaginal. Entre otros, reacciones a los medicamentos, problemas respiratorios derivados de la anestesia, sangrado o infección derivado de la cirugía, infección de la vejiga o del útero, lesión del tracto urinario o lesiones del bebé.

Un parto por cesárea puede resultar más agresivo -tanto para el bebé como para la madre- que uno por vía vaginal. El bebé se encuentra de repente en un sitio nuevo, con mucha luz y ruidos extraños. No tiene tiempo de prepararse como en un parto vaginal, en el que las contracciones le empujan hacia fuera porque ya no se siente a salvo dentro del útero. Sin embargo, las cesáreas son totalmente necesarias en muchos casos y salvan muchas vidas.

¿Cómo es la recuperación?

Mientras se elimina la anestesia se siente cierto malestar general y aturdimiento. Normalmente se permanece entre 3 y 5 días después de la cirugía en el hospital. Antes de que se cumplan las 24 horas (si todo va bien), la mujer ya puede levantarse de la cama y dar pequeños paseos. Después de este tiempo, ya sin catéter indovenoso ni urinario, se comienza con la ingesta de comidas blandas. La retirada de la sonda puede resultarte un poco desagradable. Notarás una sensación de escozor o quemazón, pero no temas porque no te dolerá.

Por lo general, la recuperación es más lenta que en un parto vaginal, claro que hay muchas mujeres que se recuperan rápidamente. Tras la cesárea se han descrito molestias en la cicatriz de hasta un año de duración, con incomodidad al mantener relaciones sexuales, en los movimientos… eso sin contar con que suelen tener bastantes gases durante el puerperio y molestias tras el sondaje vesical.

Solo debes acudir al médico si tienes más de 38 ºC de fiebre, sientes dolor repentino y fuerte en la zona abdominal, la cicatriz sangra o supura, te escuece o sangras al orinar o notas un área en la parte inferior de la pierna hinchada, enrojecida, dura y con dolor.

Al igual que tras un parto natural, mientras el útero vuelve a su sitio experimentarás pérdidas de sangre llamadas loquios, que pueden durar hasta 6 semanas (lo que se conoce como puerperio).

El nacimiento por cesárea no interfiere en la producción de leche, así que podrás dar el pecho a tu hijo. Sin embargo sostener al bebé en brazos puede resultarte complicado debido a que el peso del niño sobre la cicatriz puede dolerte. Intenta encontrar posturas alternativas que te permitan hacerlo. Por ejemplo, túmbate de costado y coloca al bebé junto a ti en la cama o apóyale sobre almohadas bajo tu brazo.

Durante las primeras semanas te recomendarán tomarte las cosas con mucha calma: limita las labores domésticas, no subas escaleras, no levantes mucha carga ni conduzcas.

¿Quieres ver cómo se realiza una cesárea?


Fuente: Irene Juárez Pérez, matrona en el Hospital de Fuenlabrada (Madrid).
Redacción: Irene García

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