De repente llega una mañana en la que abres la puerta de tu vestidor y te das cuenta de que nada de lo que hay dentro te sirve. Hace ya un par de semanas que ibas con el botón del pantalón desabrochado, ocultándolo bajo la camisa, pero ahora la situación es crítica: ya no es el botón el único que se resiste a cerrarse, ahora la cremallera también se ha aliado en el boicot
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