Julian estaba en la puerta de su casita de la playa, salía a pasear por la orilla antes de ir al colegio.
- ¿Qué será aquello que brilla y se mueve?
A lo lejos, un ser brillante parecía estar bailando... Corría hacia el mar, levantaba los brazos, daba la vuelta y volvía a repetir el movimiento una y otra vez.
- ¿Qué estará haciendo ese monstruo tan raro?. Iré a ver…
El niño caminó hacia el monstruo y vio que estaba recogiendo algo de la arena y luego lo echaba al agua.
-¿Que serian?, ¿Estrellas de mar?, ¿cangrejos?, ¿piedras?
Ya más cerca, observó que cogia estrellas de mar de la arena y corría hasta el agua para arrojarlas tan lejos como pudiera. Pero había algo que superó el miedo que sentía, su curiosidad, así que le dijo sin dudar:
- Buenos días. ¿Quien eres?, ¿Qué estás haciendo?
El monstruo sin detenerse, le respondió:
- Soy Brillos, el guardian del mar y salvo estrellas de mar y otros animalitos.
- ¿Cómo que salvas estrellas?.
Julian estaba intrigado.
- Sí, la marea de la noche las echa aquí en la arena. Cuando amanece, yo las devuelvo al mar, antes que el sol las queme y se mueran. Tambien algunas veces, encuentro pececillos atrapados en la basura que los humanos arrojais al mar.
Brillos seguia con su baile insistentemente.
-Pero eso no tiene sentido, Brillos. En estos momentos debe haber millones de estrellas que estan fuera del agua, más todos los animales que la marea arrastra.
- ¿Y?, ¿que me quieres decir?
- ¡Jamás podrás salvarlas a todas!... No tiene sentido, es una pérdida de tiempo.
El monstruo se detuvo sólo un instante, miró la estrella que llevaba en la mano, giró, y con un movimiento parecido al baile del Cascanueces, la devolvió al océano. Luego, le dedicó al niño su mejor sonrisa y una mirada deslumbrante de sus ojos entre azules y blancos, le guiñó un ojo y le dijo con voz alegre…
- Para esa estrella, sí tenía sentido. Para cada uno que se salva, si tiene sentido. ¿No te gusta vivir?, a los animales tambien.
Brillos, entusiasmado, continuó la tarea. El niño movió su cabeza en gesto de impresión, siguió su camino pensativo y fue al colegio. El niño tenía gravadas las palabras de Brillos.
- Para esa estrella, sí tenía sentido. Para cada uno que se salva, si tiene sentido. ¿No te gusta vivir?, a los animales tambien.
A la mañana siguiente, muy temprano, unos pescadores vieron con asombro a un niño y un ser brillante, que bailaban junto a la playa... Corrían hacia el mar, levantaban sus brazos, daban la vuelta, y volvían a repetir el movimiento una y otra vez, incansables... y eso no es todo, poco a poco, fueron muchos los niños que se unieron a el valiente Brillos.
Fin
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