Luzmila es una niña rubia muy bonita pero algo gordita y caprichosa. No le gustan las verduras desde pequeñita.
Su madre suele cocinar vegetales tres o cuatro veces a la semana. Esos días que toca comer verduras Luzmila siempre hace lo mismo. Esconde con tanta perfección la comida dentro de la servilleta o se la da a su perra Lulú mientras disimula comerla. Pero como es de saber Luzmila se queda con hambre y luego se llena con las golosinas que le regala su madrina y que compra en el kiosco. Y así todos los días anda con dolor de pancita. Un día la mamá se da cuenta y comienza a inventar comidas más ricas ocultando todo lo que a ella no le agrada. Sin que Luzmila lo note, comienza a comer más sano y las verduras le empiezan a gustar.
Y por supuesto los dulces pasaron a ser cada tanto como premio.
María Valeria Glanzmann