Lo que ahora voy a contar se parece una broma pero... ¿a que algo parecido ya pasó antes? Esta es la historia de PACO, un niño muy listo pero muy travieso.
Todo que los adultos hacían, Paco quería hacer lo mismo. Cuando veía a alguien con un martillo, Paco también quería dar martillazos. Vio a su padre reparando la puerta del armario y quiso hacer lo mismo, dejó a su madre muy preocupada. ¡Dio un martillazo tan fuerte! que se estalló todo el espejo, entonces empezó a gritar, tuvo miedo de que se enfadaran con él y que le castigaran. Por suerte no se cortó, pero no le valió la lección y Paco seguía haciendo trastadas.
Un otro día los padres de Paco invitaron unos amigos a cenar en su casa. De repente vino un ruido muy raro desde la cocina.
- ¿Qué ruido es ese? - preguntó uno de los invitados.
- ¡Parece que es un ladrón! - dijo otro.
Se fueron a la cocina a ver lo que había pasado. Y busca y busca, por debajo de la mesa, por los rincones, y nada. Y Paco con miedo de contar la trastada. Hasta que su madre fue a quitar la comida que estaba en el horno y...
- ¡Ala! ¿Qué ha pasado aquí? ¡Si está todo revuelto y con sobras de alimentos que había dejado en la basura!
Al aparecer Paco tenía sangre por la ropa. Quiso hacer "algo especial" y como no sobraban patatas cogió las cáscaras que estaban en la basura y se puso a cortar con un cuchillo muy afilado. Resultado, a parte de haber estropeado la comida también se cortó, han tenido que llevarlo a urgencias para que le dieran puntos, y claro no hubo cena, y los padres de Paco se quedaron muy tristes. Pero desafortunadamente, Paco no aprendió la lección.
Ellos tenían un perro, y el padre de Paco le sacaba todos los días por la mañana. Pero un día que su padre tardó en despertarse, Paco decidió que lo sacaría él. Cuando estaban en el parque apareció otro perro y el perro de Paco fue corriendo en su dirección. Empezaron una dura pelea. Paco intentó apartalos y uno de los perros le mordió.
- ¡Ay, ay, me duele mucho!
Y de tanto gritar vino su padre a ver lo que había pasado.
Su padre muy avergonzado pidió perdón al dueño del otro perro y llevó Paco al hospital. De esa vez se había hecho mucho daño.
Al llegar a casa su padre dijo que ya no le iba a regañar porque era en vano, pero ha dicho que su hijo le había defraudado y se puso a llorar. Paco se desesperó y dijo que ya no iba a hacer más trastadas, que su intención era ayudar pero que desde entonces siempre iba a preguntar si podría ayudar en algo.
Y por fin Paco aprendió la lección. Sus padres estaban muy contentos y como Paco era muy listo siempre daba sugerencias de cosas que se podría hacer.