quedó el cuento a medias..y aquiva el resto. Poco a poco lo s vecinos se fueron marchando de la iglesia, dejando en el feretro a Martín que así se llamaba el pobre infeliz. Todos marcharon menos el sastre, que como seguía sin fiarse, se quedó escondido entre los confesionarios de la iglesia, y desde allí pretendia espiar al falso muerto. Por la noche entraron en la iglesia doce ladrones, para repartirse el botin de sus robos, y pillerias. Aunque sólo eran doce el capitan de los bandidos ordenó hacer trece montones de monedas de oro. Cuando acabaron de reparti dijo: este montón que sobra será para el que se atreva a darle una puñalada al muerto. Se adelantó el más valiente de los bandidos, desenvainó su puñal y con paso decidido se acercó al ataúd. Cuando el falso muerto vio que lo iban a matar de verdad, dio un gran salto, se puso de pie, y agitando los brazos gritó con todas sus fuerzas: ¡Venid a mi difuntos! El sastre, para ayudarle, derribó el confesionario haciendo mucho ruido y gritando también: ¡Allá vamos todos juntos! Ante semejantes apariciones los bandidos huyeron despavoridos y no pararon hasta llegar a lo más profundo del bosque. Allí, al acordarse del tesoro que habían dejado abandonado, el capitán ordenó a uno de ellos: Acercaté a la Iglesia y enteraté de lo que está pasando dentro. Entretanto el sastre y el falso difunto se estaan repartiendo las monedas de oro que los bandidos habían abandonado en su huida. Cuando acabaron el reparto el sastre que no se olvidada del real que le debía le dijo: ahora ¡dame mi real! En ese preciso momento llegó el bandido y al oir al sastre salió corriendo hacia el bosque y le dijo a sus compañeros con cara de mucho susto: no hay que pensar en volver a por el tesoro, hay tantos difuntos en la iglesia que solamente tocan a un real y se están peleando entre ellos por el!!!!!