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La fiesta en el cielo

La fiesta en el cielo

Enviado por: piscis1
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Érase una vez un bosque donde, al comienzo de cada estación, se celebraba una fiesta especial en la que, los animales, eran los invitados de honor. Con la llegada del otoño, se decidió celebrar una Fiesta en el Cielo, de forma que todos los animales que pudiesen volar estarían invitados. La noticia se propagó como la pólvora entre todos los habitantes del bosque y, mientras las aves estaban animadísimas con la noticia y deseando que llegase la fiesta, el resto de animales se moría de envidia pensando que ellos no podrían acudir a dicho evento . Pepo, un sapo muy pícaro, que vivía en el pantano que había en el medio del bosque, decidió que él no se perdería aquella fiesta, costase lo que costase. De forma que empezó a difundir que él también había sido invitado. El resto de animales se reían de Pepo cada vez que le oían decir que él también había sido invitado, a la vez que comentaban: ?Imaginaros al gordote de Pepo, que es incapaz de correr dos metros sin cansarse, ¡volando hacia la fiesta!?. Durante muchos días, el pobre Pepo, tuvo que soportar como el resto de los animales del bosque se mofaban de él: Sácate esa idea de la cabeza, amigo sapo- le decía una ardilla mientras descendía de un árbol. - Los animales como nosotros, que no podemos volar, no tenemos oportunidad de asistir a la Fiesta del Cielo. Yo voy, ya lo vereis- decía Pepo una y otra vez. - Aún no tengo muy claro como, pero iré. No es justo que se celebre una fiesta de esas y en la que la mayoría de los animales se excluyan. Después de mucho pensar, Pepo formuló un plan. Unas horas antes de que la fiesta diese comienzo, Pepo fue en busca del buitre Leo. Estuvieron conversando y diviertiéndose un buen rato con las bromas que Pepo contaba. Cuando ya era casi de noche, Pepo se despide de Leo: Bueno, mi querido amigo Leo, me voy a retirar para descansar un poco antes de acudir a la Fiesta, sino no podré estar animado y disfrutar de la misma. ¿Pero realmente vas a ir, Pepo?- preguntó Leo bastante desconfiado. ¡Claro que si! No me la perdería por nada del mundo, dijo Pepo mientras se retiraba. ¡Hasta mañana! Pero, en vez de salir por la puerta, tal y como pensaba Leo que haría, Pepo dio una vuelta y empujó una ventana de la casa de Leo. Encima de la cama observó la mochila de Leo, que ya tenía todo lo que necesitaría en la fiesta, así que Pepo, sin dudarlo, decidió esconderse en ella. Cuando llegó la hora de la fiesta, Leo cogió su mochila, se la puso al cuello y empezó a volar en dirección al cielo. Tan pronto como llegó a su destino, Leo colgó su mochila en un perchero y se fue en busca de las otras aves. Pepo aprovechó la ocasión para verificar que no había nadie a la vista que lo pudiese descubrir y, de un salto, salió de la mochila todo contento y sonriente. Las aves se sorprendieron muchísimo cuando vieron a Pepo bailoteando y saltando por el cielo. Todos se preguntaban como habría llegado hasta allí y corrían a preguntarle. Pero el sapo evitaba responderles cambiando rápidamente la conversación y mudándose a otro lado para seguir diviertiéndose. Ya casi amanecía cuando Pepo decidió que era hora de prepararse para su regreso a casa. Salió de la fiesta sin que nadie se percatase y volvió a entrar en la mochila de Leo, que seguía colgada del perchero. Cuando la fiesta terminó, los invitados salieron volando, cada uno para su destino. Leo, cogió su mochila y se pusó a volar en dirección al bosque. Cuando llegó a su casa, depositó la mochila sobre una cómoda de la habitación y se fue a dormir. Pepo aprovechó la ocasión para salir de su escondite y rápidamente, dirigirse hacia el exterior de la casa de Leo para regresar a su casa. Al día siguiente, todo el bosque comentaba la hazaña de Pepo y se preguntaban como lo habría conseguido. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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