En Bosque Feliz se está construyendo la nueva escuela. Han encargado a Volquete un gran cargamento de arena.
¡Socorro, socorro! – grita el señor Conejo. El río se había salido de su cauce y estaba a punto de inundar su casa.
Volquete que está cerca de allí se apresura al escuchar los gritos de socorro.
No se preocupe señor Conejo – dijo Volquete. En un periquete prepararé un dique con arena.
¡Muchas gracias! – gritó el agradecido conejo.
Mientras atraviesa el bosque se topa con unos cachorritos con cara aburrida.
¿Qué os pasa niños? – pregunta Volquete.
Nos han regalado unos cubos y unas palas pero no tenemos tierra para hacer castillos –contestan los niños.
¿Nos das un poco de arena? – preguntan. - ¡Haremos un gran castillo!
Volquete, que no sabe decir que no, les da la arena. Entre gritos y risas, los pequeños construyen un castillo y hasta le ponen una bandera.
A mitad de camino Volquete para a reponer gasolina.
-El señor Cerdito, el dueño de la gasolinera se lamenta -. Que mala suerte la mía. No puedo acabar el muro porque se me ha acabado el cemento.
El bondadoso Volquete le dice al señor Cerdito. -¡Aquí tienes , arena para la hormigonera!
El señor Topo, el ingeniero, muy preocupado por no poder comenzar la escuela, está esperando su carga de arena. ¡Por fin! Ya ven llegar a Volquete por la carretera.
Pero, ¡como van a trabajar! ¡Si el tanque está casi vacío! ¿Dónde dejaste la arena, Volquete…?