Llega la Navidad y con ella las buenas acciones. Época ésta en la que, más por tradición que por devoción, dejamos a un lado nuestras preocupaciones en favor de las necesidades de los que menos tienen. Pero esta buena conciencia que parece únicamente apoderarse de nosotros en el mes de diciembre, es el motor que impulsa a muchas asociaciones y organizaciones durante todos los días del año.
Si hay alguien que disfruta de la Navidad sin ninguna duda son los niños: Tienen vacaciones escolares, se reúnen con la familia y esperan ilusionados la llegada de los Reyes Magos. Pero la realidad lamentablemente no es siempre igual en todo el mundo. Numerosas asociaciones y ONGs trabajan incansables para proporcionar a muchos niños lo que para otros es un rutina habitual: educación, calzado, ropa, juguetes, alegría, risas, un hogar…
Educación Es el caso de Pelancha Gómez Olazábal, como directora de la Escuela Infantil Jauja, siempre ha estado preocupada por la infancia en el mundo y el intentar que ésta tenga una educación se ha convertido en uno de sus objetivos principales, ya que, según dice “a través de ella podremos vencer la pobreza del mundo”. Para ello ha puesto en marcha una iniciativa consistente en el hermanamiento de dos escuelas (Las escuelas Jauja de Majadahonda y Villanueva del Pardillo en Madrid) con escuelas rurales ubicadas en el noroeste de Argentina, donde asisten niños de la comunidad indígena “Los Diaguitas”. Estas escuelas están diseminadas por la sierra y altas montañas de la precordillera andina y se accede a ellas por caminos agrestes por los que sólo pueden transitar vehículos de alta tracción o caballos y burros. Hasta ella se acerca también toda la población de la zona, desde sus casas de adobe sin prácticamente recurso alguno, para abastecerse de agua, ya que la escuela rural es el único punto donde hay luz (sólo para el alumbrado) y un pozo. Pelancha no deja de sorprenderse: “Es impresionante ver como los niños vienen de tan lejos, tardando 2 y 3 horas de camino en burro para asistir a la escuela. Muchos se tienen que quedar a dormir durante la semana, porque sería imposible ir y volver a diario. Pero los chicos son felices en la escuela, pues es el único sitio donde pueden ser niños, jugar con compañeros y tener una atención afectuosa de su maestro”. Una felicidad que se antoja increíble de conseguir si tenemos en cuenta las difíciles condiciones de vida en las que se encuentran. “Les hemos aprovisionado de calzado, abrigo, etc. necesidades que no tenían cubiertas. No tienen ropa para reponer, viven casi con lo puesto hasta que se cae de viejo” nos cuenta Pelancha. “También les hemos llevado material escolar, pues no tenían ni lápices y la hoja del cuaderno la usaban varias veces borrando lo escrito anteriormente. Además les llevamos material deportivo, pues pensamos que es tan importante el desarrollo intelectual como el físico y social”. Sin duda esta labor llena de sinsabores tiene una gran recompensa: “Es maravillosos observar el rostro de estos niños al ver cuadernos, lápices, libros para todos o pelotas y canastas de baloncesto para jugar” reconoce la directora de Jauja.
Futuro
Proporcionar un mañana mejor a los niños más desfavorecidos del planeta es también la labor inestimable de World Vision: “Nuestra visión de un mundo ideal es un mundo justo en el que todos los seres humanos vivan con dignidad y puedan realizarse adecuadamente. Un mundo que no tolere el hambre ni la miseria y que esté imbuido de deseos de confraternización. Nos une la esperanza en un futuro mejor”.
Lejos de perseguir una utopía World Vision materializa sus esfuerzos a través del apadrinamiento de niños de países sacudidos por el hambre y la pobreza de Asia, África y América Latina, así se logran ejecutar proyectos de desarrollo en las comunidades donde vive el niño apadrinado con su familia. Entre otras cosas se ponen en marcha programas a largo plazo destinados a potenciar la generación de ingresos, con el fin de que las comunidades lleguen a obtener una independencia económica. Con las contribuciones se consiguen asimismo mejoras en el suministro de agua y en la atención sanitaria. De este modo y gracias a las aportaciones individuales las aldeas incluidas en el área del proyecto de desarrollo se implican directamente en las actividades y van aprendiendo a ser gestoras de su propio desarrollo. Así con el tiempo, la ayuda se convierte en autoayuda.
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