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Hijos únicos, ¿son más mimados? |
• Suelen ser niños muy creativos, ya que se han acostumbrado a inventarse sus propios juegos y a entretenerse solos. Son capaces de recrear mundos de ficción en los que pasar largo tiempo y de cambiar de una a otra actividad según sus intereses y apetencias.
• Son niños con una gran tendencia al orden, porque saben que donde dejen sus cosas, ahí seguirán cuando vuelvan, ya que nadie más las toca.
10 consejos para los padres
Para no caer en la tentación de protegerlo en exceso, mimarlo y maleducarlo, es importante que sigas una serie de pautas que guíen la educación de tu hijo:
1- Habla con otros padres que tengan hijos de la edad del tuyo para contrastar maneras de educar.
2- No le protejas en exceso ni le controles continuamente, o le harás ser un niño miedoso y frágil.
3- Anímale a que siga sus propias ideas. Pide su opinión y ayúdale a que tome sus propias decisiones, pero sin permitirle que suplante tu papel como padre y adulto.
4- Intenta que se esfuerce para conseguir una cosa, no se lo des todo a la primera, que aprenda el valor de las cosas.
5- Valora sus logros, pero no le elogies demasiado. Evita frases como “eres el mejor” o “eres el más listo de todos”.
6- Regáñale cuando sea necesario sin sentirte culpable por ello.
7- Fomenta la interacción de tu hijo con otros niños desde muy pequeño, llevándole pronto a la guardería, o a jugar a casa de otros niños…
8- Intenta que tu hijo participe en actividades lúdicas y deportivas en las que se fomente la competitividad sana y donde aprenda a compartir vivencias con otros chicos.
9- No permitas que pase demasiado rato con los adultos, ya que un niño necesita relacionarse con gente de su edad para madurar a su debido tiempo.
10- No seas posesivo con él, déjale que pase tiempo alejado de vosotros.
Una buena experiencia real
Carmen tiene ahora 20 años, es hija única y durante toda su vida ha sido muy feliz, aunque a veces notara la ausencia de un hermano. Ella es un ejemplo de hija única responsable, cariñosa, sociable, nada egoísta, que le encanta compartir todo lo que tiene con sus amigos (y tiene muchos) y su familia.
Sí que le hubiera gustado tener hermanos porque, como dice, “no me hubiese importado nada, sobre todo cuando eres pequeño, que tienes que estar pronto en casa y hay veces que a tus padres no les apetece jugar contigo, algo normal porque también tienen que hacer sus tareas. También se echa de menos a la hora de contarle las cosas a alguien. Por supuesto que para eso están tus amigas, pero un hermano, si te llevas bien con él, puede ser un buen confidente, y además, al vivir juntos, puedes recurrir a él en cualquier momento o él a ti”.
Carmen tuvo la suerte de no aburrirse nunca, puesto que contó desde pequeña con la compañía de su vecina, con la que se pasaba horas jugando, además de sus primos y de su madre, quien siempre que podía sacaba un rato para jugar con ella, principalmente a juegos de mesa, o para ver una película.
Lo que si notó alguna vez es la soledad: “Cuando era pequeña era muy miedosa y lo pasaba fatal cuando ya era por la tarde-noche y mi madre se iba a comprar algo, mi padre todavía no había llegado de trabajar y a mí me parecía que algo malo iba a pasar, así que le dejaba una nota a mi madre en la entrada y me bajaba con mi vecina a esperarla. Supongo que si hubiese tenido hermanos esto no me hubiese pasado, porque estás con alguien que te distrae de esos pensamientos. También en el momento que hay problemas en casa, algo que le pasa a todo el mundo, pero si tienes hermanos se puede dividir la carga. Al no tenerlos, muchas veces, la asumes tú toda”.
Sí reconoce que sus padres la protegieron mucho, aunque piensa que tampoco más de lo que lo hubieran hecho de tener más hijos. “Es sobre todo al principio, luego en seguida, se dan cuenta de que no pueden estar pegados a ti para siempre, que tienes que experimentar las cosas por ti mismo y que no pueden estar pensando siempre en lo que pueda pasar porque así no vives. Creo que es algo que pasa por la cabeza de todos los padres en un determinado momento aunque, probablemente, si sólo tienen un hijo dura un poco más…”.
Repasando sus 20 años de vida Carmen concluye: “La verdad es que yo he sido, y soy, muy feliz y si hubiese tenido hermanos creo que hubiese sido igual de feliz pero de forma diferente. Pierdes algunas cosas, pero las sustituyes por otras nuevas. Hay muchos hijos únicos que piensan que serían mucho más felices con hermanos y ven el no haberlos tenido como un trauma de la infancia. Yo, sin embargo, creo que realmente lo que importa es saber aprovechar al máximo lo que tienes y no quejarte por lo que no tienes. Tal vez hubiesen sido más felices con hermanos, pero ¿quién te dice que si los hubiesen tenido no se estarían quejando por tener que compartirlo todo y estuviesen deseando ser hijos únicos? ¡Está claro que siempre queremos lo que no tenemos!” |
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