Estadísticas
Según las estadísticas de Instituto Nacional de Estadística del año 2001 (la última que se ha realizado sobre el tema) el 15% de las parejas son infértiles y sólo del 1 al 2% son estériles. La infertilidad no es un problema exclusivo de la mujer, las estadísticas anotan un 40% de los casos por causa femenina, otro 40% por causa masculina, un 10% corresponde a trastornos en los dos miembros de la pareja y el último 10% es por causa desconocida. Las expectativas de conseguir un embarazo están en torno al 60% entre las parejas que se someten a tratamientos. Y cerca del 20% de personas diagnosticadas como infértiles lo logran de manera natural.
Pruebas y análisis
La evaluación de fertilidad empieza con pruebas para asegurarse de que el esperma de tu pareja es normal, tú estás ovulando y tus trompas están abiertas. Casi la mitad de los problemas de infertilidad son causados por dificultades en la producción de esperma. La evaluación del factor de infertilidad masculina se basa en el análisis de una muestra de esperma que se recoge después de dos o tres días de abstinencia completa para determinar volumen y viscosidad del semen, así como conteo de espermatozoides, movilidad, velocidad de nado y forma de los mismos.
En la mujer, lo primero que se analiza es el ciclo de ovulación, si es regular y predecible, pero también se realiza un análisis de sangre para comprobar los niveles hormonales. Una de las pruebas más informativas se basa en el nivel de hormona estimuladora del folículo (FSH) al tercer día de iniciarse tu menstruación. La FSH estimula los ovarios, de forma que si el organismo necesita un nivel alto al principio del ciclo, puede significar que los ovarios tienen una reserva menor de lo normal o que la calidad de los ovocitos es baja.
Si el esperma del hombre es normal y la ovulación también, hay que buscar otras causas. El ginecólogo realizará otras pruebas como el histerosalpingograma (HSG) para valorar el útero y ver si las trompas de Falopio están abiertas. Se introduce un tinte en el útero con un pequeño tubo colocado a través del cuello. Ese tinte pasa a las trompas, revelando cualquier bloqueo o problema en el útero.
Otras pruebas posibles son la histeroscopia (se introduce una lente a través del cuello del útero para examinar la cavidad uterina) o la laparoscopia (se introduce un instrumento óptico a través de una pequeña escisión en el abdomen que permite examinar útero, ovarios y trompas). También se pueden evaluar los cambios del moco cervical a lo largo del ciclo menstrual para identificar el moco húmedo, flexible y resbaloso asociado con la fase ovulatoria; examen poscoital (EPC) para evaluar la interacción entre los espermatozoides y el moco cervical mediante un análisis de dicho moco, recolectado entre dos y ocho horas después de la relación sexual; o un examen pélvico de la mujer para determinar si hay quistes.
TRATAMIENTOS
Ovulación inducida: Si el problema está en el ciclo menstrual, lo primero que se intenta es la estimulación de los ovarios con píldoras fertilizantes, a solas o combinadas con metmorfina. Si no funciona, se pasa a una combinación de inyecciones de hormonas (gonadotropina) y fertilización asistida. Normalmente estas inyecciones te las puedes poner en casa y el hospital vigila tu producción ovárica con radiografías frecuentes.
Inseminación artificial (IUI): Es una técnica de menor complejidad donde el semen del varón (previamente tratado en el laboratorio para enriquecerlo) es inoculado directamente en el cuerpo del útero con una cánula. Previamente se estimula la ovulación de la mujer para incrementar las posibilidades de éxito. En mujeres entre 35 y 38 años, el éxito es del 20% en el primer intento.
Efectos secundarios de los tratamientosUn tratamiento con hormonas es muy duro. Es probable que soportar una inyección diaria, unido a la combinación de las hormonas y la preocupación por si funcionará el tratamiento, te ponga taciturna e irritable. Y, además, tus ovarios se agrandarán, produciéndote una sensación de inflamación y causando molestias abdominales.
Fecundación in vitro (FIV): Los óvulos aspirados del ovario son enfrentados a espermatozoides en el laboratorio. El embrión resultante es colocado en el útero de la mujer previamente estimulado con hormonas. Las posibilidades de éxito en el primer intento se sitúan hasta los 36 años en la mitad; entre los 38 y los 40, hay un 40% de éxito y de los 41 en adelante, el porcentaje es del 20%.
Inyección intracitoplasmática de espermatozoides en óvulos (ICSI): Técnicamente es similar al FIV pero aplicado a alteraciones masculinas. Los espermatozoides elegidos son inyectados uno a uno en los óvulos aspirados.
La nueva Ley de Reproducción Asistida de nuestro país permite la congelación de óvulos sin fertilizar. Cuando la mujer es joven (entre 20 y 27 años) se somete a un tratamiento hormonal para estimular la producción de los ovarios y que libere más de un óvulo al mes. Luego, mediante una aguja, se extraen y se eligen los óvulos que estén en perfectas condiciones, se congelan en nitrógeno para conservarlos sanos y sin envejecer y, pasados unos años, se reimplantan. También existe la posibilidad de la donación de óvulos sin fertilizar, empleando la misma técnica que la anterior, pero utilizando óvulos de otra mujer más sana y joven.
El último avance en este campo son los transplantes de tejido ovárico para que la mujer ovule de nuevo. El tejido se extrae de un ovario sano y joven, se congela y luego se implanta en la mujer que ya no es capaz de ovular por sí misma. Es una técnica complicada que de momento no se ha llevado a cabo en España.
Sin embargo, si estas técnicas no funcionan, o ves que el proceso se alarga mucho y los nervios, la tensión y la dureza de los tratamientos os están agotando a los dos, siempre queda el recurso de la adopción, con lo que evitarás el estrés que suponen estas técnicas de fertilidad.
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