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Ser padre después de los 40 |
Diferencias en la educación
Para el psicólogo Valencia “las dificultades que pueden surgir suelen ser escasas o de poca importancia porque normalmente en edades tardías la llegada de un hijo es o bien esperada desde hace tiempo, en el caso de primerizos, o bien es aceptada con naturalidad en el caso de padres ya con otros hijos anteriores. Aunque la edad puede determinar ciertos comportamientos esperados socialmente, en realidad será la educación y las experiencias vitales de cada persona, independientemente de su edad, las que finalmente entren en juego a la hora de ejercer de padre por primera vez”.
La principal diferencia entre un padre de 25 años y uno de 40 será la vitalidad y la paciencia para dedicarse a su hijo el mayor tiempo posible. Así nos lo explica Juan Pedro, “en el caso de los primerizos el cansancio, la costumbre de tener todo el tiempo para ellos, el tipo y horario de trabajo, pueden influir en el sentido de que se produzca un cambio ciertamente radical que resulte difícil asumir, pero que en todo caso será transitorio”.
Ventajas
No obstante, el tener mayor edad también puede aportar una serie de beneficios a la educación del niño. “El ser padre mayor –dice Juan pedro Valencia- de la edad socialmente habitual puede ser muy ventajoso si se dan una serie de condiciones. La experiencia permite ver las cosas como son y no como la impulsividad juvenil hacen ver; se produce una especie de rejuvenecimiento ya que el bebé tiene unas necesidades que incluso obligan a salir mucho más de lo que, a lo mejor, estaba acostumbrado. Se revive el amor de una forma diferente a la que conocían ya que el cariño que despierta un bebé es un tipo de amor generoso y hasta cierto punto desconocido y sorprendente. Además puede producir un aumento en la frecuencia de reuniones familiares, siendo el bebé la excusa para poder compartir más momentos familiares gratos”.
“También la tranquilidad de ánimo, el cariño reposado, la mayor disponibilidad de tiempo y de información sobre el bebé redundarán e influirán en una relación más productiva y estimulante para el bebé y para la familia en sí. Les resultará más fácil crear las rutinas que todo recién nacido necesita para sentirse seguro y tranquilo, así como repartir las tareas y responsabilidades que conlleva. Incluso el lenguaje normalmente será más adecuado y rico. Es así que generalmente los hijos de padres mayores tienen su impulsividad y sus energías propias de la edad pero suelen mostrar también una mayor madurez que los de su mismo grupo de edad sin que ello signifique, en ningún caso, que pierdan la identidad y características propias de su niñez sino que las disfrutan y viven de otra manera”.
FUENTES: Juan Pedro Valencia, psicólogo infantil. Redacción: Irene García.
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