Los niños son con cierta frecuencia testigos o víctimas de acontecimientos y situaciones traumáticas que suponen para ellos un fuerte impacto emocional. Ante sucesos trágicos como puede ser la muerte de un familiar, especialmente si se trata de alguien tan cercano como sus padres o hermanos, los adultos, muchas veces no saben cómo, cuándo o quién debe explicar lo ocurrido a los niños.
Ante todo debemos decirle la verdad, en un tono tranquilo y sereno, ofreciéndole siempre nuestro apoyo emocional incondicional. Juan Pedro Valencia, psicólogo especializado en problemas de ansiedad, miedos y desarrollo infantil, lo define así: “Es fundamental transmitir la información de manera clara y todo lo honestamente posible, adaptándola a la edad del niño y su nivel de comprensión; admitir que quizá no se conozcan algunas de las respuestas a sus preguntas e interesarse por saber lo que piensa y sabe acerca de lo ocurrido, preparándole para los posibles cambios en sus rutinas así como animarle a que transmita en todo momento lo que siente”. Generalmente, hasta los 3 años los niños necesitan una explicación de los hechos que les trasmita seguridad y tranquilidad; ya que los preescolares pueden incluso llegar a personalizar la muerte hasta el punto de creer que son ellos los causantes de la misma como una especie de castigo por su mal comportamiento. Así es imprescindible explicarle bien lo ocurrido, responder siempre a sus preguntas - tantas veces como sea necesario- que nos orientarán sobre la información que quiere tener y separar la experiencia del niño a lo ocurrido. Natalia Sastre, psicóloga y directora del Gabinete Sastre Reyes, añade que debemos aclarar al niño que el concepto de la muerte es irreversible: “Hay que hacerle ver que la muerte no es como quedarse dormido y que no ocurre simplemente por estar enfermo, porque todo ello podría llevarle a confusión, provocándole situaciones de ansiedad al creer que cualquier persona de su entorno –o él mismo- al enfermar puede morir, o que tema quedarse dormido y no despertar, etc. Hay que aclararle que las personas que mueren no van a volver –en los dibujos animados ven como los personajes “mueren” y “reviven”, tienen 4 vidas, etc.- para evitar que el pequeño guarde la esperanza de que aparezca o regrese y que, al no ocurrir, busque explicaciones irreales o se culpe por ello. El pensamiento mágico y egocéntrico de los niños más pequeños hace que muchas veces intenten dar explicación al suceso con algo que ellos hicieron”. |