| Cómo reconocer a un niño tirano
- Tienen un sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor les atiendan.
- Tienen una baja tolerancia a la incomodidad, especialmente a la causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento, la demora o la negación de lo que han pedido; normalmente la expresan con rabietas, ataques de ira, insultos y/o violencia.
- Desarrollan escasos recursos para resolver problemas o afrontar experiencias negativas.
- Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo.
- Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, al tiempo que esperan que sean otros los que les solucionen los problemas.
- No pueden, o no quieren, ver el modo en que sus conductas afectan a los demás y frecuentemente carecen de empatía.
- Piden, piden y piden. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
- Les cuesta sentir culpa o remordimiento por sus actos.
- Discuten las normas y/o los castigos. Tachan a los padres de injustos, malos, etc. Si hacen eso debe ser porque les trae alguna compensación (ante el sentimiento de culpa, los padres ceden y otorgan más privilegios).
- Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo el mundo. Y cuanta más se les da, más reclaman.
- Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las estructuras sociales establecidas ni a las figuras de autoridad.
- Se siente permanentemente tristes, enfadados, ansiosos y/o emocionalmente frágiles, y frecuentemente tienen una baja autoestima.
- Cumplen los criterios de algún trastorno conductual o mental grave, aunque no se encuentren alteraciones biológicas, fisiológicas, del desarrollo o genéticas ni ningún otro motivo observable o evaluable que explique las dificultades que presentan.
¿Qué hacer?
- Ante todo hay que cuidar la confianza primordial. Ya durante el embarazo hay que cultivar el diálogo. El periodo más sensible de la vida es el nacimiento y el tiempo inmediatamente posterior.
- Durante el primer medio año los mimos nunca son excesivos. Sus necesidades de consuelo y alimento hay que satisfacerlas al momento, dándole todo el amor posible. Pero a partir del año de edad, hay que empezar a marcarle límites, aunque sea de una manera muy primitiva.
- Restaura el equilibrio familiar. La estructura familiar ha de ser jerárquica. El equipo de mando son los padres, una familia no es una democracia, aunque se permita a los niños opinar y se les pueda tener en cuenta. Sé autoritario cuando haya que serlo.
- Es fundamental la coordinación entre los padres. No se puede enviar mensajes contradictorios al niño.
- Desarrolla su conciencia y su sentimiento de culpa. Para que de mayores no lleguen a ser personas violentas con sus padres, es necesario educarles en la tolerancia y potenciar su conciencia. Conviene enseñar desde la primera infancia que los actos positivos, el altruismo, la generosidad, compensan: darles la oportunidad de sentirse bien por hacer algo positivo.
- No le sobreprotejas. Tienen que aprender que en la vida no todo es bueno ni fácil. Cuando el niño sufre consecuencias negativas intentará evitarlas en el futuro siendo más cuidadoso. Sin consecuencias no hay límites.
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