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Miedo al parto |
¿Qué hacer para combatirlo?
Evitar el miedo es algo imposible, ya que se tiene o no se tiene. Pero sí se puede controlar para sus efectos sobre el cuerpo no interfieran en el desarrollo normal del parto.
- Recoge toda la información posible sobre el momento del parto y sus opciones: qué sucede, cómo, cuándo, cómo combatir el dolor (epidural, técnicas de respiración, masajes, TENS, etc.). “Lo mejor, dice Valencia, es recabar toda la información verídica y real posible sobre el tema y no atenerse exclusivamente a lo que nos comentan o vemos en la televisión”.
- Escucha a tu ginecólogo. Él es la mejor fuente para resolver todas tus dudas y aclarar cualquier idea errónea o exagerada que puedas tener.
- Prepárate para ese momento. Asiste a clases de preparación, elabora tu plan de parto…
- No te dejes influir por historias de alumbramientos horribles y traumáticos. Cada persona es un mundo, y también hay mujeres que han tenido partos maravillosos (dentro de lo posible, claro).
El círculo vicioso
Hace poco se publicó un estudio sobre la sensibilidad a la ansiedad, es decir, el miedo o temor ante situaciones que previsiblemente generarán ansiedad. Sus autores, de la Universidad de California en San Diego (EE UU), observaron cómo estas expectativas negativas acentúan la preocupación por las respuestas fisiológicas ante la ansiedad, lo que lleva a conductas que no hacen sino exacerbar esas reacciones (miedo, excesiva limitación de la actividad, pensamientos catastrofistas...).
Estos especialistas describen un caso extremo para explicar la situación. "Piense en una mujer embarazada primeriza con un alto grado de sensibilidad a la ansiedad. Ha oído historias de terror sobre el dolor durante el parto. De hecho, su propia madre y amigos le han dicho lo malo que va a ser. Cualquier información que suponga detalles específicos sobre el parto le recuerda esas historias, lo que ocasiona más respuestas fisiológicas, como palpitaciones, y pensamientos catastrofistas, como que tendrá un dolor insoportable. Estas respuestas llevan a conductas evasivas. Por ejemplo, no quiere acudir a las clases de preparación porque aumenta su ansiedad. Cuando comienza a dar a luz, aunque las molestias y dolores asociados a las primeras contracciones no sean insoportables, ella anticipa las futuras contracciones y comienza a experimentar una mayor ansiedad y miedo. Su sistema nervioso simpático responde y nota que su ritmo cardiaco se acelera, comienza a sudar, su respiración cambia y se siente mareada. Cada contracción empieza a ser más y más dolorosa".
Los autores estudiaron a 35 mujeres que, cuando estaban embarazadas de unas 17 semanas, rellenaron un test con preguntas para determinar su sensibilidad a la ansiedad. Tras dar a luz, cumplimentaron otro sobre cómo había ido el parto y las molestias que habían tenido.
Otros factores que se valoraron fueron si éste era el primer hijo de la participante, el uso de analgesia, el estado conyugal, si la pareja estaba intentando concebir y la duración del parto, pero ninguno de ellos influía tanto en el dolor del parto como las expectativas negativas ante el alumbramiento.
Ambos concluyeron que la educación y las estrategias de exposición (es decir, poner a la mujer embarazada en situaciones que vayan a generar respuestas fisiológicas parecidas, como hacer ejercicio) durante la gestación pueden resultar beneficiosas para reducir el miedo y llevar a resultados más exitosos para las mujer embarazadas con una gran sensibilidad a la ansiedad.
¿Qué puede hacer mi pareja?
Juan Pedro Valencia explica unos consejos para el futuro papá:
- Es fundamental que haga suyo el propio parto, es decir, que no solamente acompañe a la madre a las visitas y a las clases de preparación, sino que se implique totalmente, que le haga sentir que está con ella, que ese parto es cosa de dos (incluso de tres, porque el futuro recién nacido también colabora), aunque sea ella la que deba afrontar física o directamente el momento de dar a luz.
- Que le comunique a la mamá todo lo anterior porque a veces, en ciertas circunstancias y ocasiones especiales (y un parto lo es), no basta con creer que la otra persona lo sabe sino que es básico decírselo, que lo oiga y lo comparta, aclarando cualquier duda que pueda crearse. Que sepa que va a estar con ella desde el principio hasta el final (incluso entrando en el paritorio).
- Intentar crear en todo momento un buen ambiente para la embarazada, que participe activamente en los ejercicios de relajación y respiración: si él los aprende y practica podrá ayudarla a ella más y mejor. Que le haga saber que durante el parto él estará ahí con ella haciendo todo lo posible para que el dolor sea menor: saber que tiene a alguien de total confianza durante al parto a su lado le aportará tranquilidad y calma, elementos fundamentales para conseguir una menor percepción del dolor.
- En resumen, se trataría de que ambos aprendan de forma conjunta las técnicas de relajación y respiración, que discutan y comprueben informaciones erróneas sobre el tema, que tengan cuidado con los consejos y opiniones de terceros que puedan no solamente no ayudar sino incluso crear preocupaciones que antes no existían y, en definitiva, que le aporte la seguridad absoluta de saber que no está sola en esta maravilla que es tener un hijo.FUENTES: Juan Pedro Valencia, psicólogo. Universidad de California, San Diego (EE UU). Redacción: Irene García.
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