Con niños de hasta 3 años, las señales para preocuparse empiezan cuando parecen tristes o decaídos aún cuando se les está consolando. Puede, incluso, que se peguen desesperadamente a quien se ocupa de ellos o que dejen de comunicarse. La depresión en esos niños está casi siempre conectada con el cambio o pérdida de la persona responsable de su cuidado, o cuando quien les cuida no es capaz de responder a sus necesidades.
Sin embargo, en ocasiones, en niños de entre 3 y 5 años, puede darse una reacción de defensa contra la pena que sienten y, a diferencia de los más pequeños, presentar un síndrome hipomaniaco, que se caracteriza por todo lo contrario que se esperaría de un niño muy triste: están eufóricos, hiperactivos, se sienten capaces de todo y con mucha energía. Posibles factores desencadenantes
“Las causas pueden ser variadas pero podemos, en general, resumirlas en la presencia de cambios notables en su vida que conllevan un aumento del estrés -puntualiza Juan Pedro Valencia- De hecho la probabilidad de padecerla aumenta cuando el niño vive con mucha tensión por, entre otros factores, una pérdida traumática, tanto de un ser querido como de alguna cosa o circunstancia que era muy importante para el niño o la niña, desórdenes de atención o del aprendizaje, situaciones de maltrato…” Acontecimiento o evento estresante:
La aparición de un acontecimiento o evento estresante puede favorecer la existencia de pensamientos depresores, sobre todo en estas edades en las que el niño es mucho más vulnerable (la separación de los padres, una muerte, un traslado de casa…). Por lo general, la reiteración del fracaso (culpabilizar al niño de ciertos fracasos) y la ansiedad que suele acompañar a estos acontecimientos, puede hundir al niño en un estado de indefensión haciendo que se inhiba más. La familia:
La familia es el entorno más inmediato del niño, por lo que constituye un ambiente especialmente importante, tanto por las influencias que tiene en el comportamiento infantil, como por el conjunto de relaciones que en ella se configura. Cualquier conflicto que se dé en la familia puede afectar directamente al niño, por ejemplo, disputas familiares o inestabilidad de la convivencia familiar. El carácter permisivo de los padres:
Éste es un factor que quizás sea más determinante en niños algo más mayores, pero a estas edades influye el que los padres riñan constantemente al niño por jugar con algo o que no le dejen experimentar como es propio en estas edades, es decir, que no le dejen tocar, moverse, etc. La escolarización:
Otra causa de la depresión infantil es el fracaso en el rendimiento escolar o el gran cambio que supone empezar la guardería o escuela infantil: conocer gente nueva, no tener ninguna figura adulta conocida cerca, separarse de sus padres… Además, hay que tener en cuenta el importante papel que la escuela o guardería juega en la detección precoz del problema, ya que el número de horas que el niño pasa con su profesora suele ser más que el que pasa con los padres; además de que la caída del rendimiento, síntoma a tener en cuenta, normalmente será detectado antes por el profesor que por los padres.
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