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Inculcando valores desde la cuna |
Durante nueves meses la máxima preocupación de cualquier embarazada es la salud de su futuro hijo. Tras el parto el siguiente temor es la difícil tarea de enseñarles a crecer sanos por dentro, en definitiva, enseñarles a ser personas. Hoy los padres primerizos tienen a su alcance toda la ayuda, recursos y conocimientos necesarios para velar por la salud física de sus hijos pero cuando se trata de la salud moral, los progenitores se quedan prácticamente solos ante el peligro. Pero ¿cómo se enseña a ser íntegro, honesto, generoso, amable, tolerante… -al menos la mayor parte del tiempo?
Todos los padres buscan que sus hijos sepan distinguir lo que está bien de lo que está mal, pero como hasta el momento los niños no nacen con una guía de valores bajo el brazo el papel de los padres en la forma que enseñen los valores humanos, virtudes y las actitudes correctas es fundamental.
Nadie se convierte en una persona con valores sólidos e integridad impecable de la noche a la mañana. Si en estos asuntos andas perdida, más vale que empieces mientras aún estés embarazada, antes de que tu pequeña esponja absorbetodo, aparezca en escena. Como tarde, el modelo ético de toda familia debe establecerse durante la gravidez, en el momento que se ha decidido formar una familia. Una vez que el bebé haya nacido, tu nueva familia ya debe contar con sus propios valores, fuertemente asentados, con los que guiar la vida de sus miembros, pues la educación necesita basarse en valores compartidos. Aunque los bebés no puedan hablar, sí oyen, ven y discurren sobre lo que ocurre a su lado. Es más, varios estudios demuestran que los primeros retazos de algunos valores como la solidaridad empiezan a esbozarse en la primera infancia. Los investigadores descubrieron que los recién nacidos lloraban como reacción al llanto de otro bebé. Esta conducta fue considerada como la precursora de la empatía.
Seguramente si le hablas a un niño de empatía, respeto y cooperación su reacción sea un gran bostezo o un “qué rollo” como respuesta. Si tu hijo es muy pequeño ni siquiera sabrá de qué le estás hablando. Pero afortunadamente inculcar valores a los niños de forma sencilla no es una batalla perdida. Sorprender a tu hijo mintiendo o siendo irrespetuoso con alguien es una estupenda oportunidad para enseñarle a hacer lo correcto. Si te limitas a decirle: ¡Eso no se hace! o a darle una explicación complicada y aburrida apenas conseguirás algo. A continuación te damos unas ideas para que puedas hacerlo sin necesidad de suplicar u ordenarles y recuerda que nunca es demasiado pronto para inculcar valores:
Planta un jardín:
Cultivar un jardín o simplemente una flor con tu hijo le enseñará a tener perseverancia al mismo tiempo que a respetar la Naturaleza. Hablamos de perseverancia, no de poner a prueba su paciencia. Te sugerimos por lo tanto que optes por sembrar semillas que no tarden en geminar o bien plantas que ya hayan brotado. Una buena opción son los girasoles, cuyas primeras hojas tardan poco tiempo en aparecer y los niños disfrutarán con la altura que pueden llegar a alcanzar. Si sembrasteis flores, cuando salgan, no dudéis en cortarlas y hacer un precioso ramo ¡con el que obsequiar a la abuela! Asimismo si habéis plantado un pequeño huerto, emplea lo cosechado para cocinar con tu hijo. Verás cómo no esta vez no pone pegas para comerse las verduras.
Incúlcale el respeto a los mayores:
Favorecer la participación de los pequeños en las visitas de los abuelos u otros adultos es una buena oportunidad para enseñarles a relacionarse con las personas mayores y respetarles. No permitas que esté con la televisión encendida, jugando con los videojuegos o simplemente “desaparecido”. No es necesario que esté presente en todas las reuniones de adultos. Pero sí que se acostumbre, al menos, a saludar. Enséñale también a estar siempre dispuesto y ser atento con los ancianos. En algunos casos puede que necesiten ayuda para sentarse o levantarse, llegar hasta el coche, leer una letra demasiado pequeña para ellos, coger algo que se ha caído al suelo, alcanzar los estantes más bajos en el supermercado, etc.
¿Cómo se sienten?
Los niños menores de 6 años aún no saben apreciar cómo se sienten los demás mediante la mera manifestación de sus expresiones, ya que todavía no son capaces de descifrar el lenguaje corporal, los gestos faciales o los diferentes tonos de voz. Seguramente habrás comprobado que no es consciente de que estás enfadada hasta que le dices claramente: ¡Estoy enfadada! O tal vez jugará feliz en una fiesta, ajeno a soledad de un niño sentado en una esquina. Te proponemos una eficaz actividad con al que pasar el rato con tu hijo a la vez que le enseñas a distinguir cómo se sienten las personas: Confecciona tarjetas de cartón en las que podáis poner diferentes sentimientos: Enfadado, triste, alegre, serio, sorprendido, etc. Escribe uno en cada tarjeta. A continuación recortad de revistas caras que expresen esos sentimientos y pegadlas en la tarjeta correspondiente. También puedes poner en práctica el juego de adivinar caras: Mirad a la gente que pasa por la calle e intentad adivinar cómo se sienten.
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