¡Prueba el juego del espejo! En una habitación, sitúa un gran espejo. Fíjalo al suelo y ponlo a su nivel. El interés por su propio reflejo comienza desde el primer mes: Observará con gestos de felicidad los juegos de luz reflejados en el cristal.
A los 4 meses el bebé gesticulará riendo, sin saber aún que la imagen es la suya. Pero se divertirá pensando que tiene un compañero de juegos enfrente. Sobre los 7 u 8 meses balbuceará frente a su reflejo. Aunque aún cree que su reflejo es otro bebé que se mueve al mismo tiempo que él, hará muecas divertidas que significan que poco a poco va tomando conciencia de que se trata de él mismo. Alrededor de los 12-18 meses irá descubriendo la similitud entre sus movimientos y los del espejo. Hace juegos con la mano y se acerca a su imagen. Intentará tocar el espejo para ver qué hay detrás, tratando de atrapar la mano de su “amigo” o de abrazarle. Un beso en el cristal es la prueba definitiva de que ha descubierto que se trata de su imagen Finalmente la adquisición del lenguaje le permitirá nombrarla. Su entorno le ayudará a confirmar su presentimiento, lo que provocará su entusiasmo: comprenderá por fin que ese cuerpo es el suyo. Cumplidos los 2 años irá perdiendo paulatinamente el interés por el misterio del espejo y preferirá compañeros de juegos de carne y hueso. Al fin y al cabo ¡es mucho más práctico! ¿Qué le divierte a un bebé? Los dulces sueños Las caricias Las cosquillas Las payasadas El movimiento Su reflejo en un espejo Los juegos de manos Balancearse sobre tus rodillas Las voces que reconoce Lo insólito: que papá o mamá se pongan algo de bebé, que se escondan y aparezcan, que anden a cuatro patas… Las muecas Las imitaciones de sonidos |