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¿Como se lo digo al niño?

Niño calabazaSi en el pasado número ofrecíamos pistas sobre cómo afrontar ciertos temas más o menos embarazosos o delicados con nuestros pequeños, y conseguir hablarles de la muerte, el sexo, el divorcio o la adopción sin titubear, en esta ocasión no hemos querido dejar de abordar otras posibles charlas que probablemente tendrás algún día con tu hijo



ENFERMEDAD CRÓNICA O GRAVE

Es prácticamente imposible evitar que un niño sepa que está enfermo. Tendrá que medicarse, ingresar en un hospital, tomar medidas preventivas, etc. Así que necesitará tener la toda la información que sea necesaria para poder ocuparse de su salud.

¿Cómo hacerlo?

Enséñale qué es la enfermedad, de manera informal y sin mostrarte muy serio: “Tienes asma, una enfermedad en la que, de vez en cuando, deberás esforzarte por respirar y a veces te sentirás incómodo, pero las medicinas te ayudarán mucho” o “muchos niños tienen alergias, unos no pueden comer caramelos, otros no pueden comer pan y otros pueden comer de todo pero estornudan cuando huelen las flores”. Trata de transmitirle frases positivas, por ejemplo: “Esto no tiene que gustarte, pero te puedes acostumbrar. Eres como cualquier otro niño: algunas cosas las puedes hacer muy bien y otras no”.

Las enfermedades crónicas son, por definición, a largo plazo. Se adaptará, pero en ocasiones se sentirá frustrado. Facilítale las cosas cuando sea necesario fijar unos límites, y sugiérele alternativas: “No puedes dormir en casa de Mario porque tienes alergia al pelo de gato y tu asma puede empeorar. Si quieres hablo con su mamá para que él venga a dormir aquí”.

¿A qué edad?

Belén Fernández, de la Asociación Española contra el Cáncer, considera que la comunicación dependerá de lo que el niño pueda comprender: “Existe un acuerdo sobre la necesidad de informar al niño, así como de lo que debe saber, que estará en función de su edad, madurez y personalidad”.

Los niños menores de 2 años no entienden lo que es una enfermedad grave. Lo que más les preocupa es la separación de sus padres. Hay que contarle de manera muy simple las cosas que van a ir ocurriendo y explicarle que algunos procedimientos médicos pueden resultar dolorosos o molestos.

Entre los 2 y los 6 años, los niños ya comprenden lo que es una enfermedad, por lo que hay que ser sinceros y explicárselo en términos sencillos. También deben saber que el tratamiento es necesario para eliminar la enfermedad y que ésta no es una consecuencia de su comportamiento.

¿Qué no debo decirle?

El Dr. Coleman, autor del libro ¿Cómo decirlo? advierte que cuando al comportamiento de enfermo le sigue una recompensa, esta conducta se refuerza: “¿Te duele la cabeza? Seguro que es por la diabetes. Acuéstate y deja que ordene la habitación tu hermana”. No permitas que deje de hacer sus labores, al menos que sea estrictamente necesario.

Es habitual que los padres tiendan a sobreproteger a un hijo enfermo, sin embargo una reiteración constante de las mismas preguntas no resulta muy positivo para el niño (¿Te duele algo?, ¿Estás mareado?, ¿Seguro que puedes jugar?). De ese modo conseguiremos que preste demasiada atención a su cuerpo y se dé por vencido ante la enfermedad, cuando en realidad podría salir adelante a pesar de los síntomas.


Niña perroMUERTE DE UNA MASCOTA

La muerte de un perro o un gato será probablemente la primera experiencia cercana que tenga tu hijo con la pérdida de un ser querido. Necesitará consuelo y cariño, más que explicaciones científicas complejas sobre la vida y la muerte.

¿Cómo hacerlo?

En primer lugar debes crear el mejor ambiente para comunicárselo. Cógele las manos, abrázale, utiliza una voz pausada, etc.

Emplea palabras sencillas, pero claras. Si el niño te pide más detalles, dáselos. No es conveniente darle explicaciones vagas o inexactas y mucho menos mentirle. Podría crearle confusión y ansiedad. Es normal que haga preguntas del tipo: “¿Por qué se murió?, ¿No le he cuidado bien?, ¿Va a volver?”. Contesta sencilla pero sinceramente, de forma honesta y adaptada a su nivel de comprensión. Quizás lo más adecuado es explicarle a tu hijo lo que le sucede al perrito al morir, en estos términos: “El cuerpo de Puky dejó de funcionar. Ahora ya no siente nada, ni frío, ni calor, ni dolor.”

Hablar con familiares y amigos del animal puede aliviarle. Guardar silencio acerca de la muerte no ayuda al niño a adaptarse a la pérdida, por lo que has de concederle la oportunidad de que exprese sus sentimientos y no dudar en preguntarle cómo se siente.

Tras la muerte del animal, probablemente el niño querrá enterrarlo o prepararle algún tipo de ceremonia, hacer dibujos o escribirle algún poema. Permíteselo.

Puedes aprovechar la pérdida de una mascota como plataforma para iniciar una conversación sobre la muerte.

 

 
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