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¿Como se lo digo al niño?





Niño perro¿A qué edad?

No es hasta la edad de 9 meses cuando los niños comienzan a entender que la muerte es permanente, universal e irreversible. Hasta los 5 años aún creen que es temporal y reversible. Para que puedan entenderlo, a esta edad bastará con explicarles que el animal ya no puede moverse, ni oír, ni ladrar, ni ver.... Evita los eufemismos y las metáforas. Cuando son tan pequeños serán incapaces de entenderlo.

¿Qué debo evitar?

No supongas que la muerte de una mascota no es un problema grave para tu hijo. Elude hacer comentarios como “Era sólo un animal”. Quizás para ti lo era, pero para él ha sido un compañero de juegos y un amigo.

Tampoco trates de reemplazar al animal de inmediato. Es importante que tenga un tiempo para recuperarse de la pérdida sin tratar de cubrir sus emociones con una nueva mascota. En ese caso no le digas: “si compramos otra mascota, con el tiempo también morirá”. Esto sólo le enseñará que no merece la pena querer a algo sólo porque es perecedero.


Embarazada con familiaNUEVA FAMILIA Y HERMANASTROS


El incremento del número de rupturas y divorcios, ha provocado también un aumento en la formación de nuevas familias, que inevitablemente acarrean una serie de consecuencias, las cuáles afectarán de una forma u otra al pequeño. Esta nueva situación, en la que otras personas pasan a formar parte de la vida del niño, le puede desconcertar; por lo que conseguir que la nueva familia no suponga un trauma, comienza por minimizar el impacto del proceso de separación. De este modo estará en mayor disposición de aceptar nuevos “familiares”. El Dr. Coleman, es consciente de que “cuando se presenta un divorcio, los niños pierden el control de sus vidas, pues les afecta la separación y la nueva pareja. Pero cuando además esta persona aporta hijos a la relación, ya estamos hablando de tener un hermanastro y el juego cambia.”

¿Cómo hacerlo?

Aunque sean pequeños, los niños tienen derecho a saber qué va a pasar con sus vidas. Si tras el divorcio decides comenzar una nueva relación de pareja y la situación pasa por una convivencia común, tu hijo debe conocerlo tan pronto como hayas decidido formalizar dicha relación.

El Dr. Coleman es de la opinión de que “cuantos más elementos desconocidos haya, mayor será la ansiedad”. Prepárale antes de la presentación, háblale a menudo de ellos. Quizás es buena idea enseñarle fotografías y comentarle cómo son sus futuros hermanastros: “Se llaman Manuel y María. Son mayores que tú. A Manuel le gusta jugar al fútbol y a María montar en bici”. Es bueno que el niño se vaya acostumbrando a la presencia de la nueva familia, aunque al principio sea sólo con palabras.

Acepta siempre sus emociones. Es normal que sean negativas y de rechazo, especialmente al comienzo, ya que forman parte del proceso de aceptación.

Antes de iniciar la convivencia, tendrás que llegar a un acuerdo y delimitar claramente las normas de la nueva familia, que deberán ser iguales para todos, sin distinciones ni favoritismos, en los que es fácil caer inconscientemente. Asegúrate de que todos conocen claramente cuál es su espacio, cama, habitación, etc.

Los sentimientos se adquirirán con el tiempo, por lo tanto no debes obligar a tu hijo a querer a nadie ni a que sus hermanastros se conviertan en sus mejores amigos. Simplemente diles que deben respetarse y tratarse como hace con sus compañeros del cole.

¿Cuándo hacerlo?

Habla con él antes de la primera reunión con ellos. No le sorprendas. Unas semanas antes de la presentación comenta a tu hijo cuáles son tus planes, así tendrás tiempo para entender sus preocupaciones y sentimientos. No obstante, a pesar de mostrarse positivo ante la primera reunión, no supongas que siempre será igual. Sé paciente ya que habrá que dar un tiempo para que todo el mundo se adapte a la nueva situación.

¿Qué no debo decirle?

Evita hacer comparaciones con sus nuevos hermanastros: “María siempre nos obedece, ¿por qué no haces como ella?”

Tampoco presupongas que se llevarán bien: “Tenéis mucho en común. Seguro que vais a llevaros muy bien y ser muy amigos”. Trata de señalar las semejanzas entre ambos, pero no impongas la relación. Recuerda que eres tú quien ha elegido esa familia y no tu hijo. Deja que la relación crezca poco a poco y se vaya consolidando con el tiempo.

No caigas en una actitud sobreproteccionista con tu hijo y sustitúyela por aceptación, comprensión y apoyo intentando de alguna manera que sienta que a cada uno se le trata por sí mismo como es.


 

 
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