TPP: Estas medidas gubernamentales buscan, entre otros aspectos, aumentar la baja tasa de natalidad, que se relaciona con la falta de políticas claras para las familias. ¿Están surtiendo el efecto esperado, o el avance de la tasa de natalidad se debe únicamente a los nacimientos de hijos de inmigrantes?
EM: Dado que, como hemos venido diciendo, estas ayudas en España son limitadas y tienen solamente una incidencia relativa, no parece que hayan repercutido tampoco de forma decisiva sobre el índice de la natalidad. Es cierto que en los últimos años la población española ha crecido por encima de los tres millones de habitantes. Pero esta cifra coincide prácticamente con el número de inmigrantes que han entrado en nuestro país en los últimos tiempos. El índice de natalidad entre las mujeres españolas también se ha incrementado algo. Pero todavía no es suficiente como para afrontar las necesidades derivadas del envejecimiento progresivo de la población española, de cara al futuro.
TPP: En su opinión, ¿Cuáles son los retos de las familias españolas para los próximos años?
EM: Las políticas públicas no son capaces, por sí solas, de resolver los conflictos entre la vida laboral y la familiar, ni tampoco de facilitar el acceso de la mujer al mercado de trabajo, ni su permanencia en el mismo. La clave fundamental está en combinar esas políticas públicas con los cambios sociales imprescindibles para armonizar el ámbito familiar y el laboral. Y para ello, es necesario hablar no sólo de conciliación, sino también de corresponsabilidad familiar, como decía antes.
Hay que replantear los tiempos destinados al trabajo fuera de casa y los dedicados al cuidado y atención de los niños. La responsabilidad de atender a los hijos no es sólo tarea de las madres, lo es también de los padres. Las políticas públicas de conciliación deben partir de esta premisa. Si no, estaremos poniendo en marcha políticas de empleo dirigidas sólo a la mujer, para que ésta se incorpore al mercado de trabajo y continúe además haciendo las labores del hogar y atendiendo casi en solitario a sus hijos, mientras que el padre atiende sólo sus obligaciones como trabajador, pero no sus obligaciones familiares. Ninguna política pública de conciliación obtendrá los resultados perseguidos si no se define en términos de corresponsabilidad familiar. Es precisamente en ese reparto de derechos y obligaciones en donde la familia, y especialmente las mujeres se juegan el futuro.