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Ana Sánchez Reche. Directora de Laboratorio de AIJU

ImageAturdidos por el aluvión de publicidad navideña y presionados por las peticiones incesantes de sus hijos, muchos padres se sienten incapaces de discernir entre la variadísima oferta juguetera y elegir el más apropiado. Según los estudios, un 75% de las ventas anuales se sitúan entre el 1 de diciembre y el 6 de enero. Pero ¿qué requisitos debe cumplir un juguete para que sea adecuado para nuestros hijos?

TodoPapás ha hablado con Ana Sánchez, directora del Laboratorio de AIJU, Asociación de Investigación de la Industria del Juguete, encargada de analizar, evaluar y examinar la seguridad e idoneidad de los productos infantiles.
Por sus exigentes manos pasan todos los juguetes antes de salir al mercado. Sabe que, en temas de seguridad, con los niños no se juega.


“Se suele echar la culpa a los fabricantes de los accidentes provocados por un mal uso del juguete, cuando los responsables de leer las instrucciones somos los padres”


TPP: Ana ¿qué juguetes llegan al instituto?
AS: Al Instituto llegan todo tipo de juguetes. Todos aquellos que tengan que pasar las pruebas de seguridad, es decir todos. Generalmente, al tratarse de juguetes, son artículos para menores de 14 años.

TPP: ¿Y en qué consiste el proceso de esta prueba de seguridad?
AS: La prueba de seguridad es obligatoria, ya que todos los juguetes tienen la obligación de cumplir la normativa europea.
Para determinar si un juguete es seguro o no se evalúa desde muchos aspectos. Por ejemplo, el mecánico. Aquí se tiene en cuenta los posibles riesgos inherentes al diseño de la estructura, del acabado, etc. Para ello reproducimos las acciones que realizaría el cuerpo de un niño y se observa si en el producto hay bordes cortantes, si se deforma, si se mueve, si se sueltan piezas pequeñas, etc. También se realiza una prueba de inflamabilidad. Se estudia la velocidad de la propagación de la llama. Por ejemplo, si es muy rápida la madre puede no llegar a verlo y ser demasiado tarde. Esto se hace especialmente en disfraces, peluches y cuerpos blandos.
En cuanto al aspecto eléctrico se observan los riesgos de calentamiento de las pilas y baterías o el peligro de cortocircuitos.
Para los juguetes destinados a niños menores de 6 años se pone especial atención en la prueba química que determina si tiene elementos tóxicos, ya que estos niños tienden a chupar los juguetes.
También se lleva a cabo un examen acústico que indica el nivel de decibelios.

Para efectuar todos estos ensayos se reproducen en el laboratorio las partes del cuerpo del niño: la garganta, las manos, la boca, las piernas, etc. y se hace un símil por ejemplo de la digestión, con jugos gástricos, para conocer cómo reaccionará el producto en caso de ingesta.

TPP: ¿Cuánto tiempo pasa desde que llega un juguete al Instituto hasta que sale con la prueba superada?
AS: Depende del tipo de juguete y de su complejidad. Por regla general se tarda entre 3 días y una semana.

TPP: ¿Qué personas intervienen en el examen del juguete?
AS: Intervienen varias personas de distintos departamentos. Alrededor de 30 en total. Son expertos en diferentes materias, que interpretan cómo juega el niño desde el punto de vista de su área de trabajo: psicólogos, pedagogos, químicos, ingenieros, etc.

TPP: ¿Todos los juguetes tienen que pasar por aquí antes de comercializarse?
AS: El test de seguridad es obligatorio para todos los productos. Todos tienen que cumplir las normas de seguridad vigentes. Los demás exámenes, como los de calidad, son opcionales y los pide el fabricante.

TPP: ¿Sólo se analiza el juguete?
AS: Se somete a examen todo lo que pueda estar al alcance del niño: juguete, envase, envoltorio, instrucciones… Esto no significa que una vez en casa el juguete esté fuera de todo peligro. Muchas veces se echa la culpa a los fabricantes de los accidentes provocados por un mal uso del juguete, cuando los responsables de leer las instrucciones son los padres.

TPP: ¿Para qué se hacen estas pruebas y ensayos? ¿Sólo por seguridad o también se tienen en cuenta factores de mercado?
AS: Como decía, las pruebas de seguridad son obligatorias, de acuerdo a la normativa europea. Pero en ocasiones, a petición del fabricante, se realizan otros estudios, por ejemplo de edad, de diseño, etc.

TPP: ¿Se atiende la opinión de los niños? ¿Prueban ellos mismos los prototipos?
AS: No siempre. Esta prueba lleva un coste y depende del fabricante, que puede solicitarlo. Para ello se cuenta con familias y se hace un estudio en ludotecas. Allí los niños juegan con prototipos de los juguetes que se pretenden comercializar y se observa su comportamiento, si se divierten, si se aburren… Pero también se hacen tests con los padres y se tiene muy en cuenta su opinión, ya que al final son quienes compran los juguetes.
Se realizan también análisis de producción, evaluando los colores, el diseño…

TPP: ¿Se tiene sólo en cuenta su función de entretenimiento o también que sean pedagógicos o ayuden a un mejor desarrollo del niño?
AS: No es un requisito necesario. Sólo se tiene en cuenta si lo solicita el fabricante. Para lo que se haría una prueba distinta en la que intervendrían psicólogos y pedagogos.

TPP: ¿Qué juguetes no pasan el examen?
AS: En lo que a seguridad se refiere esto es blanco o negro. O pasan todas las pruebas o suspenden. Tienen que cumplir rigurosamente todo. Las anomalías más frecuentes suelen ser de distintos niveles: son tóxicos, no están bien etiquetados, etc.

TPP: ¿Qué ocurre con esos juguetes después de que no hayan superado el test?
AS: El fabricante recibe una notificación de que el juguete no ha pasado la prueba. Él tiene la opción de rectificar y volver a enviarlo para un nuevo examen.

TPP: ¿Es competencia del Instituto del Juguete determinar la edad a la que está destinado el juguete?
AS: Sí. Además es algo muy importante y muy ligado a la seguridad. Los padres deben tener en cuenta a la hora de comprar o regalar un juguete a un niño, la edad recomendada a la que va dirigido, independientemente de que creamos que nuestro hijo es muy espabilado para su edad. Es un grave error adquirir juguetes para edades superiores a la del niño a quien va destinado.

 

 
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