TPP: ¿Qué papel tienen los colegios en la educación alimentaría?
AP: Los colegios han hecho mucho bien y mucho mal. Mucho bien porque allí es donde se introducen los nuevos sabores. Los padres no tenemos ganas de pelearnos y pensamos dos cosas: “Ya aprenderán en el colegio” y “como sé que en el cole comen bien, en casa les doy cualquier cosa”. Y es verdad que comen bien porque allí se preocupan de que la alimentación sea equilibrada. Además es una empresa que cobra por ello y tiene un deber moral. Hay unos hábitos adquiridos: una mesa preparada y un momento para comer, un primero, un segundo y un postre, y personas dedicadas a que se lo coman todo.
Lo malo, que son muchos niños y por tanto no se transmite amor a la comida. Se hace rancho y la empresa busca el rendimiento económico, no va a comprar el mejor tomate, sino el más barato. El primer tomate que coma un niño de 3 años estará cortado sin amor y comprado con criterios económicos, por lo que no tendrá sabor y asociará el tomate a ése del colegio que no le gustó. Por eso los padres en casa tienen que darle esos alimentos pero de calidad y enseñarle que pueden saber bien. El colegio educa, pero no en el sabor sino a nivel nutricional. Los padres en casa tienen que hacer el complemento palatal, trabajar el sabor.
TPP: ¿Es fácil crear un hábito?
AP: No, no lo es. Requiere mucho tiempo, pero es imprescindible. Los padres tienen que trabajarlo. Los adolescentes tienen una etapa en la que rompen con sus hábitos, quieren ser diferentes. Pero si están consolidados, cuando pasen esta etapa, los recuperarán. Por ejemplo con los desayunos, aunque coman poco sólo el hecho de sentarle a la mesa cada día 10 minutos, con el desayuno delante, le crea el hábito de hacerlo. Lo mismo con la cena. Los nutricionistas recomiendan cenar ligero, pero lo que hemos hecho ha sido interpretar este “ligero” en comer cualquier cosa en cualquier sitio (enfrente del ordenador, en el sofá). Ya no tienes delante una mesa con sus platos, con lo que no se crea un hábito.
TPP: ¿Qué está pasando con los desayunos?
AP: Esto es imperdonable. Algunos colegios están haciendo una labor interesante. He visitado muchos colegios en los que he realizado diferentes talleres y he notado una gran preocupación en este tema y un trabajo al respecto. Es imperdonable que los niños vayan al colegio sin desayunar porque así no rinden. El cerebro necesita glucosa, un elemento que se gasta y debe reponerse a través del desayuno. Y nutrientes para tirar adelante… en fin, que el desayuno es la ingesta más importante del día. La merienda lo es menos, aunque tenemos que acostumbrarnos a hacer 5 comidas al día. Si continúan estudiando o con actividades extraescolares es necesaria, pero no tanto como el desayuno.
TPP: ¿El conocimiento de los beneficios de una alimentación sana ayuda a que coman mejor?
AP: No, no les importa nada de nada. Para ellos la palabra salud no cabe en su mente. Es una palabra abstracta. Hay que enseñarles por el sabor más que por la salud. Mostrarles todo lo que se puede hacer con un determinado alimento. Por ejemplo, las manzanas resultan aburridas. Hay que convertirlas en algo divertido, enseñarles la variedad, historias sobre ellas (Adán y Eva, Blancanieves, Newton), hacer tartas, bizcochos, etc. |
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