| Terapias para gestantes
Un trabajo publicado en la revista Plos Medicine denunciaba recientemente que en las últimas dos décadas sólo se ha registrado un fármaco indicado específicamente para el embarazo y apenas 17 están en desarrollo, un número ridículo en comparación con el de otros sectores de la industria.
El principal problema es que este tipo de investigaciones no salen rentables para las empresas, por lo que se ignoran. En un mercado que crece en torno al 6% cada año y que genera entre 20 y 25 medicamentos nuevos anualmente, el embarazo se ha convertido en un área de libre albedrío farmacológico con pocas garantías y menos opciones terapéuticas.
El riesgo que ello conlleva es grande: el 75% de las embarazadas toma al menos un fármaco cuya seguridad no está probada para este periodo, algo que no es de extrañar ya que sólo existen 10 compuestos aprobados con indicaciones para la gestación.
Los autores del trabajo publicado en esta revista médica, Nicholas Fisk, profesor de medicina fetal de la Facultad de Medicina del Colegio Imperial de Londres, y Rifat Atun, profesor de medicina internacional en el mismo centro británico, realizaron una búsqueda de 25 términos relacionados con la gestación en bases de datos de fármacos y ensayos clínicos con el objetivo de identificar cualquier producto destinado al tratamiento o prevención de complicaciones como la preeclampsia o el retardo del crecimiento fetal.
El resultado fue desalentador: 67 medicamentos cumplían estos requisitos y 40 carecían de uso, habían sido suspendidos o estaban inactivos a finales de 2007. De los 17 que se encontraban en fase de desarrollo, sólo nueve eran fórmulas nuevas. Resultados que reflejan un claro abandono.
Mientras que la industria está desarrollando 17 medicamentos para el embarazo, para indicaciones cardiovasculares están en proceso 660. El principal problema es el desconocimiento de cómo y por qué aparecen determinadas dolencias. Esta falta de información se traduce en terapias que solucionan los signos o síntomas de una patología, como la hipertensión típica de la preeclampsia, pero no la raíz de la enfermedad.
Cada año se producen unos nueve millones de nacimientos en Estados Unidos y la Unión Europea. Un 2% será parto prematuro y entre el 3 y 5% de las mujeres sufrirá preeclampsia. A pesar de todo, la industria sigue sin buscar soluciones.
El comienzo de las restricciones
En la segunda mitad de los años 50 se sacó al mercado un medicamento revolucionario: la talidomida, que aliviaba las molestas náuseas matutinas provocadas por el embarazo. Sin embargo, este medicamento no se había probado lo suficiente y nada se sabía de sus efectos teratógenos. A medida que fueron apareciendo casos, miles en todo el mundo, aumentó la psicosis.
Como resultado, la sociedad y las autoridades tomaron conciencia de la necesidad de probar los medicamentos antes de que entrasen en el mercado e impulsó leyes en materia farmacológica. Paradójicamente, en el caso concreto de las embarazadas, estas medidas preventivas, junto con el temor a que suceda lo mismo que con la talidomida, han contribuido a que, por un lado, la investigación con este grupo sea casi inexistente y, por otro, a que aumente el consumo de productos no específicos (cuya seguridad y eficacia no está probada).
Para Fisk y Atun, “la solución sería garantizar que un compuesto X no tiene riesgos a través de la vigilancia posventa, es decir, a partir de su lanzamiento al mercado”. Pero esto genera costes adicionales y cada vez más prohibitivos; además de necesitar el consentimiento de las autoridades reguladoras de los medicamentos como la EMEA en Europa o la FDA en EE UU.
Para lograr este cambio, sería necesario abrir un debate ético y modificar las leyes de regulación de los ensayos clínicos con humanos.
¿Cambiará esto en el futuro?
La aparición de una enfermedad durante el embarazo sitúa tanto al médico como a la paciente ante un problema bien conocido y difícil: un repertorio muy limitado de opciones terapéuticas y un cierto grado de riesgo.
En EE UU esta dificultad generó un debate sobre la posibilidad de incluirlas en ensayos clínicos. En noviembre de 2001, como consecuencia de dicho debate, se realizó una reforma legal en EE UU que autorizaba la inclusión de mujeres embarazadas en ensayos clínicos. Algunas voces en Alemania acentúan la inutilidad del debate, argumentando, primero, que los ensayos implican una dificultad demasiado compleja para que la mujer pueda asumir la responsabilidad de decidir sobre los riesgos; y, segundo, que los altos riesgos para el feto no justifican incluir mujeres embarazadas en ensayos.
Sin embargo, a nivel internacional y europeo, las directivas también están siendo modificadas para autorizar la inclusión de mujeres embarazadas en ensayos sin tantos límites. ¿Es justificable esta decisión? ¿Logrará mejorar la investigación en este campo y reducir la tasa de mortalidad durante el embarazo y el parto?
FUENTE: Mª del Mar Municio, Doctora en Biología. Elmundo.es. Agencia Española del Medicamento, www.agemed.es. Redacción: Irene García.
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