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Estimula a tu bebé desde el útero |
Escuchar música
Las investigaciones demuestran que la música prenatal le supone una ventaja al feto. Los bebés cuyas madres les ponen música clásica a partir de la semana 20 en adelante, durante 10 minutos, dos veces al día, parecen evolucionar más rápido y experimentan un mayor desarrollo intelectual.
No hace falta que sea música clásica, puedes ponerle cualquier tipo, siempre que sea relajante y tranquilizadora. Los investigadores han encontrado que el feto reacciona a los tonos musicales puros, incluso aunque la música no esté en contacto inmediato con el abdomen, sino en el ambiente. Se ha demostrado que aún a cierta distancia el feto puede patear tan vigorosamente que interfiera los movimientos de la madre. Pero no a cualquier música. Aparentemente tienen predilección por la música armoniosa. En particular, los conciertos de violín son especialmente apreciados por los sonidos agudos de este instrumento. Si tu grupo de música favorito es Metallica, quizá debas esperar un par de años a mostrarle tu pasión por este grupo.
Luego, se comprueba que el recién nacido pone atención a una melodía escuchada repetidas veces antes del parto, porque se mantiene quieto, abre sus ojos, voltea la cabeza hacia el sitio donde proviene, flexiona los dedos y se cobija en los brazos.
También puedes cantarle o tararearle. Cantar aumenta la capacidad pulmonar y alivia el estrés, con lo que también te ayudará a ti a prepararte para el parto. Mejorará tu sensación de bienestar, que a su vez se transmitirá al bebé, y os proporcionará un medio de comunicación pre-lingüística, facilitando vuestro vínculo. El niño recordará las canciones después de nacer y podrás reconfortarle con ellas.
Estimulación a través del tacto
También tocando tu barriga pues transmitir distintas sensaciones a tu niño y ayudar a su desarrollo. Presionando un poquito el abdomen con un dedo notarás que el niño se mueve al intentar defenderse. Sin embargo, si te sientas cómodamente en el sofá y te acaricias el vientre de forma muy suave, con movimientos lentos y circulares, con pequeños masajes, esa sensación os encantará a él y a ti.
Se puede combinar el tacto con la meditación, potenciarás aún más la sensación. Mientras presionas suavemente al abdomen, cierra los ojos e intenta imaginarte lo que él siente mientras nada plácidamente en su líquido amniótico. La sensación será aún más placentera. Si dispones de tiempo, sumérgete en la bañera con agua templada, apaga la luz y platica con él.
También puedes combinar el tacto y la palabra. Así, a la vez que estableces un vínculo sensorial, el feto aprenda a asociar las palabras con la acción.
1. Aprieta tu abdomen firmemente, pero sin brusquedad, desde la cadera hacia el ombligo, repitiendo "apretar, apretar, apretar. Te estoy apretando".
2. Frota circularmente la piel del abdomen con la punta de los dedos, como si rascaras, repitiendo "frotar, frotar, frotar, te estoy frotando". 3. Palmea suavemente el abdomen, primero de un lado y después del otro, de abajo hacia arriba diciéndole: "palmear, palmear, palmear. Te estoy palmeando". 4. Pasea las manos sobre el abdomen de arriba hacia abajo diciendo: "acariciar, acariciar, acariciar. Te estoy acariciando".
El poder del pensamiento positivo
La investigación prenatal hace pensar que existe una conexión, vía hormonal, entre lo que piensa y siente la madre y su bebé. También existe un lazo entre la vida emocional de la madre durante el embarazo y la personalidad futura del hijo. Los disgustos breves que se resuelven enseguida no dañan al bebé; pero un problema emocional más grave, y el estrés sin resolver, puede producir niños emocionalmente alterados.
El flujo sanguíneo se ve negativamente afectado por la ansiedad, y mejora con técnicas de relajación. Los bebés de madres deprimidas tienen un mayor ritmo cardíaco y permanecen en un mayor estado de alerta antes el estrés. Aquéllos sometidos al permanente mal humor de su madre suelen ser más pequeños al nacer.
Los pensamientos negativos o la ansiedad provocan una respuesta en el organismo y favorecen la liberación de hormonas de estrés. Los pensamientos alegres estimulan la producción de endorfinas. Tu cuerpo, y por lo tanto tu bebé, es un reflejo de tus experiencias. Recuerda que, a medida que se desarrolla y durante todo el embarazo, tu hijo es consciente de tus sensaciones. Si estás contenta, triste, ansiosa o relajada, se refleja en el ambiente del útero y es recogido por el sistema nervioso del niño.
De ahí la importancia de controlar el aporte emocional que llega al bebé. Intenta que tu embarazo sea lo más tranquilo ya legre posible. Transmítele la felicidad que sentís ambos al esperar su llegada y el amor que ya le profesáis.FUENTE: El cuidado del bebé antes del nacimiento; Zita West. Redacción: Irene García.
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